🇮🇹 IT · Italia · Capítulo 4 de 8
La Década de Oro del Pop: Celentano, Mina y el Sonido que Italia Exportó al Mundo (1958–1980)
Entre 1958 y 1963, Italia vivió el período de crecimiento económico más rápido de su historia: el **miracolo economico** — el milagro económico — que transformó en menos de una generación a un país agrícola devastado por la guerra en la cuarta economía industrial del mundo occidental. Las fábricas de Milán y Turín absorbieron a millones de trabajadores llegados del sur. Los refrigeradores, las lavadoras y los televisores entraron en los hogares italianos por primera vez. La Vespa y el Fiat 500 pusieron a millones de italianos en movimiento.
Con el dinero llegó también la necesidad de entretenimiento, de una música que expresara la energía y el optimismo de un país que se estaba reinventando a sí mismo. Y esa música apareció: no desde la tradición de la canzone napoletana ni desde la solemnidad de la ópera, sino desde una generación de artistas jóvenes que habían escuchado el rock and roll norteamericano, el rhythm & blues, el beat inglés, y que querían hacer todo eso — pero en italiano, con la melodía italiana, con los colores del Mediterráneo.
El resultado fue la musica leggera — la música ligera — italiana de los años sesenta y setenta: el período más fértil, más creativo y más influyente de la canción popular italiana del siglo XX. Las canciones que se escribieron en esos veinte años son el repertorio que todo el mundo asocia con Italia cuando piensa en música italiana moderna: "Azzurro", "Il ragazzo della via Gluck", "La canzone del sole", "Grande grande grande."
Adriano Celentano: El Molleggiato de Vía Gluck
Adriano Celentano nació el 6 de enero de 1938 en el número 14 de la Vía Gluck de Milán — una calle en la periferia industrial de la ciudad, en una familia emigrada del sur de Italia. Sus padres habían dejado la Puglia buscando trabajo en las fábricas del norte. Él creció en ese Milán de barriadas obreras que en los años cincuenta empezaba a demolerse para construir los nuevos edificios del milagro económico.
Empezó su carrera imitando a Jerry Lewis y a Elvis Presley en los cabarets del centro de Milán — de ahí su apodo, Il Molleggiato (el elástico, el muelle), por su manera de moverse en el escenario con una energía física que nadie en el pop italiano había exhibido antes. En 1958, a los diecinueve años, fue el único italiano en participar en el primer gran festival de rock and roll organizado en Milán, donde compitió — y ganó — contra artistas norteamericanos.
En 1961 fundó su propio sello, Clan Celentano, anticipando en décadas la tendencia de los artistas a controlar su propia producción. Desde ese sello lanzó durante los años sesenta una sucesión de éxitos que lo convirtieron en el artista más versátil y más imprevisible de la música italiana: "24.000 Baci" (1961), que llegó al millón de copias, "Pregherò" — su versión italiana de "Stand by Me" —, y sobre todo los dos clásicos que definen su figura para siempre.
"Il Ragazzo della Via Gluck" (1966) es la canción más autobiográfica de su carrera: el chico de la Vía Gluck que vuelve a su barrio de infancia y lo encuentra demolido, convertido en edificios y cemento, sin los árboles y los prados que había de niño. La canción capturó el sentimiento de toda una generación de italianos que el milagro económico había arrancado de sus raíces rurales para trasplantarlos a las ciudades industriales del norte — y que de repente se encontraban mirando hacia atrás y viendo que lo que habían dejado ya no existía.
"Azzurro" (1968) — escrita por el compositor y cantautor Paolo Conte, que Celentano fichó para su sello Clan — es otra cosa completamente: una canción de verano, de nostalgia luminosa, de ese azul que en italiano tiene el nombre exacto de la sensación que produce el cielo de agosto en el Mediterráneo. "Azzurro, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per me" — "Azul, la tarde es demasiado azul y larga para mí." La canción se convirtió en el himno del verano italiano por antonomasia y en una de las canciones más reconocibles de la historia de la música popular de Italia.
Celentano nunca fue solo un cantante: fue también actor de decenas de películas — incluyendo una aparición en La Dolce Vita de Fellini —, director de cine, conductor televisivo, y polemista social que usó sus programas de la RAI para criticar la política y la corrupción italiana con una franqueza que pocos artistas de su calibre se habían permitido. Tenía un talento específico para el escándalo productivo: sus provocaciones generaban debate y sus canciones quedaban.
Mina: La Tigre di Cremona que se hizo invisible
Anna Maria Mazzini nació el 25 de marzo de 1940 en Busto Arsizio — aunque se crio en Cremona, la ciudad que le dio el apodo de La Tigre di Cremona — y heredó la pasión por el canto de su abuela Amelia, que era cantante de ópera. En el verano de 1958, de vacaciones, subió improvisadamente al escenario de La Bussola, el club más elegante de la Versilia, y cantó. Los presentes se quedaron sin habla. La propietaria del local la contrató en el acto.
En los años siguientes, Mina se convirtió en la cantante italiana más extraordinaria del siglo XX con una facilidad que dejaba perplejos a los músicos que trabajaban con ella: una voz capaz de pasar sin esfuerzo visible del susurro más íntimo a la potencia de una soprano de ópera, con una musicalidad y una inteligencia interpretativa que convertían cualquier canción — buena o mala, propia o ajena — en algo completamente suyo.
Federico Fellini le ofreció el papel protagonista en Satyricon y Il Viaggio di G. Mastorna. Ella rechazó ambas propuestas. Francis Ford Coppola la quiso como protagonista femenina de El Padrino en el papel que luego fue para Diane Keaton. Rechazó también esa. Mina nunca explicó sus rechazos del cine con demasiado detalle — la música era suficiente.
Su colaboración con el dúo de compositores Mogol y Lucio Battisti produjo algunas de las mejores canciones del pop italiano de los años setenta. Y en 1972, en el programa televisivo Teatro 10, protagonizó junto al actor Alberto Lupo el dueto "Parole Parole" — una escena de cuatro minutos donde él le declara su amor con frases grandilocuentes y ella le responde con un "parole, parole, parole" que mezcla el tedio con la ternura — que muchos críticos italianos describen como "los ocho minutos que cambiaron la música italiana."
En 1978, en la cumbre de su carrera, Mina se retiró de los escenarios para siempre. No dio ninguna entrevista. No explicó la decisión con más detalle del imprescindible. Desde entonces vive en Suiza, graba discos en su estudio privado con la misma regularidad de siempre — su discografía post-retiro es más larga que la de la mayoría de los artistas en activo — y no aparece en público.
Sus fans la llaman La Tigre. Los músicos italianos la tratan como la referencia definitiva de lo que una cantante puede hacer con una voz. Y la revista Time la incluyó en una lista de los más grandes cantantes de todos los tiempos. Tiene ochenta y cinco años y sigue grabando. Nadie sabe exactamente dónde.
Lucio Battisti y Mogol: la dupla que definió una época
Si Celentano fue la energía y Mina fue la voz, Lucio Battisti fue la melancolía luminosa: el compositor y cantante que con su letrista Mogol — Giulio Rapetti, que firmaba siempre con ese pseudónimo — creó entre 1969 y 1980 el catálogo de canciones pop más amado de la historia italiana.
Battisti nació en 1943 en Poggio Bustone, un pueblo pequeño en la región de Umbría. No tenía una voz convencionalmente bonita — los críticos de la época lo acusaban de ser "un no-cantante" — pero tenía algo más valioso: una manera de interpretar sus propias canciones que hacía que cada nota sonara como si viniera directamente de la experiencia personal, sin filtros, sin la distancia que la técnica a veces interpone entre el cantante y la canción.
La dupla Mogol-Battisti — Mogol poniendo las letras, Battisti poniendo la música — funcionó durante diez años con una productividad y una consistencia que no tiene paralelo en la historia del pop italiano. Las letras de Mogol eran de una aparente simplicidad que escondía una complejidad emocional muy precisa: hablaban del amor con la honestidad de quien lo está viviendo en ese momento, sin metáforas ni adornos literarios, con la misma lengua que usaba la gente en la calle.
"Acqua Azzurra, Acqua Chiara" (1969), "Mi Ritorni in Mente" (1969), "Emozioni" (1970), "Fiori Rosa, Fiori di Pesco" (1970), "La Canzone del Sole" (1971), "I Giardini di Marzo" (1972), "Il Mio Canto Libero" (1972): canciones que en Italia tienen el mismo estatus cultural que los grandes éxitos del rock angloamericano tienen en el resto del mundo — no como nostalgia sino como referencia viva, como canciones que siguen sonando en las radios y en los teléfonos de los jóvenes italianos que no habían nacido cuando se grabaron.
Mina dedicó un álbum entero a sus canciones: Minacantalucio (1975) — "Mina canta a Lucio" — es uno de los encuentros más extraordinarios entre una voz y un catálogo en la historia del pop italiano.
Battisti rompió con Mogol en 1980 y continuó su carrera con un nuevo letrista, Pasquale Panella, en una dirección radicalmente experimental que desconcertó a sus fans y que hoy es reconocida como uno de los experimentos más audaces del pop europeo de los años ochenta y noventa. Murió el 9 de septiembre de 1998, de linfoma, en Milán. Tenía cincuenta y cinco años. No había dado entrevistas en dieciséis años — la misma decisión de invisibilidad que había tomado Mina veinte años antes. Hay algo en los más grandes del pop italiano de esa generación — una resistencia al espectáculo mediático que los hacía más misteriosos y más amados al mismo tiempo.
Al Bano y Romina Power, Gianni Morandi, Rita Pavone
La década de oro del pop italiano no fue solo Celentano, Mina y Battisti. Fue también una generación entera de artistas que llenaron los años sesenta y setenta con canciones que llegaron a toda América Latina a través de las ondas de radio y de los discos que los inmigrantes italianos compraban en Buenos Aires, en São Paulo, en Caracas.
Al Bano — Albano Carrisi, nacido en Cellino San Marco, Puglia, en 1943 — llegó a Milán con dieciséis años y sin dinero para conquistar la música. Lo consiguió. Su dúo con Romina Power — la actriz norteamericana hija del actor Tyrone Power, con quien se casó en 1970 — fue uno de los fenómenos comerciales más notables del pop italiano internacional: "Felicità" (1982), "Ci sarà" (1984), canciones que en la Argentina y en el Brasil de esos años sonaban en todas las radios con la misma frecuencia que los grandes éxitos locales.
Gianni Morandi — el chico de Emilia-Romagna que de niño vendía el periódico del partido comunista de su padre y limpiaba zapatos en el único cine del pueblo — se convirtió en el ídolo juvenil más durable del pop italiano: activo desde los años sesenta hasta hoy, con décadas de éxitos, de películas, de programas de televisión y de una presencia pública que ha hecho de él la figura más querida y más inoxidable de la cultura popular italiana.
Rita Pavone — nacida en Turín en 1945 — fue el primer ídolo juvenil femenino del pop italiano: una voz potente en un cuerpo pequeño, una energía escénica que rivalizaba con la de los mejores rockers de la época, canciones como "Il Ballo del Mattone" y "Cuore" que definieron el sonido de los primeros años sesenta italianos.
El sonido que viajó a América Latina
Ningún otro país de Europa exportó su música popular a América Latina con la intensidad con que lo hizo Italia en los años sesenta y setenta. La razón es geográfica y humana al mismo tiempo: los millones de emigrantes italianos en Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela habían creado audiencias naturales para la música de su tierra de origen, y esas audiencias compraban discos, pedían canciones en las radios y llevaban la música italiana a sus hijos y a sus vecinos.
Así, "Azzurro" de Celentano, "Felicità" de Al Bano y Romina, las canciones de Battisti y Mogol, los grandes éxitos de Sanremo, llegaron a ser tan familiares en Buenos Aires o en Montevideo como en Milán o en Roma. La canción italiana de los años sesenta y setenta es parte del patrimonio musical de América Latina tanto como del patrimonio musical de Italia — y en Argentina en particular, donde la herencia italiana es tan profunda que el tango y el rock nacional llevan sus huellas, esa presencia es casi constitutiva.
Nota editorial: Mina rechazó a Fellini, rechazó a Coppola, rechazó el cine, rechazó las entrevistas, rechazó los escenarios. Y sin embargo es la cantante italiana más grande del siglo XX, la que tiene la discografía más larga, la que más veces ha sido citada por otros músicos como referencia definitiva. Hay algo en esa elección — decidir que la música importa y el espectáculo no, que la voz importa y la imagen no — que es al mismo tiempo una declaración artística y una declaración personal. La mayoría de los artistas necesitan ser vistos para existir. Mina decidió que ella existía aunque nadie la viera. Y tenía razón.
10 · 2 en DoReSol
Top 10 Canciones de la Década de Oro del Pop Italiano
Azzurro
Adriano Celentano
1968
La Canzone del Sole
Lucio Battisti
1971
Il Ragazzo della Via Gluck
Adriano Celentano
1966
Grande, Grande, Grande
Mina
1972

Emozioni
Lucio Battisti · 1970
1970

Mi ritorni in mente
Lucio Battisti · 1970
1969
Parole Parole
Mina y Alberto Lupo
1972
Felicità
Al Bano y Romina Power
1982
I Giardini di Marzo
Lucio Battisti
1972
Il Cielo in una Stanza
Mina
1960
La serie completa
Italia
Ópera, canzone napoletana, cantautores y la nueva escena. Diez siglos de canción.
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CAP 01
🇮🇹 Cap 01
La Canzone Napoletana: El Sonido que Nápoles le Regaló al Mundo (siglos XIII–1950)
Antes de que existiera Italia como nación — antes de que Garibaldi unificara la península en 1861 — ya existía Nápoles como capital musical del mundo mediterráneo. Una ciudad que d
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CAP 02
🇮🇹 Cap 02
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La ciudad de Sanremo está en Liguria, en la Riviera italiana, a veinticinco kilómetros de la frontera con Francia. Es una ciudad pequeña, de unos cincuenta mil habitantes, conocida
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🇮🇹 Cap 04
La Década de Oro del Pop: Celentano, Mina y el Sonido que Italia Exportó al Mundo (1958–1980)
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🇮🇹 Cap 06
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Hay una pregunta que los amantes de la música de cine se hacen a veces y que no tiene respuesta fácil: ¿por qué Italia produjo los dos compositores de bandas sonoras más importante
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Hubo tres momentos en la historia del siglo XX en que la música italiana conquistó audiencias globales masivas. El primero fue la canzone napoletana llevada por los emigrantes y po
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🇮🇹 Cap 08
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El siglo XXI encontró a Italia en una posición que no había ocupado en décadas: siendo simultáneamente guardiana de una tradición musical de quinientos años y laboratorio de género
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