🇮🇹 IT · Italia · Capítulo 5 de 8
Los Cantautori: Cuando la Canción Italiana se Volvió Literatura (1960–presente)
En Francia existía la *chanson* — Brassens, Brel, Piaf — y en América existía el folk de Bob Dylan y Joan Baez. Italia miró a ambas tradiciones, las absorbió y produjo algo distinto: el **cantautore** — el cantautor — que a partir de los años sesenta se convirtió en la figura más respetada y más influyente de la cultura musical italiana.
Un cantautore no es simplemente un cantante que escribe sus propias canciones. Es un artista cuyo instrumento principal es la palabra: que considera la letra de la canción como texto literario, que cita a los poetas y los filósofos en sus discos, que usa la melodía como vehículo de ideas y no como fin en sí misma. La diferencia entre el cantautore y el cantante pop es la diferencia entre un escritor y alguien que llena formularios: los dos usan palabras, pero no hacen lo mismo con ellas.
La generación de cantautori que emergió en Italia en los años sesenta y setenta — De André, Guccini, Dalla, De Gregori, Venditti, Fossati — es la más grande en la historia de la canzone d'autore italiana y una de las más grandes de cualquier tradición de canción popular en cualquier idioma. Sus discos se estudian en las universidades. Sus letras se citan como poesía. Sus canciones siguen formando generaciones de músicos italianos que no estaban vivos cuando se grabaron.
La Scuola Genovese: el puerto como origen del mundo
No es casual que el movimiento cantautoral italiano más importante de los años sesenta haya nacido en Génova — una ciudad portuaria, oscura, laberíntica, con una tradición de marineros y comerciantes que habían visto el mundo y lo habían traído de vuelta en forma de historias. Génova no es Roma ni Milán: no tiene la grandiosidad de la primera ni la eficiencia capitalista de la segunda. Tiene los callejones y el mar y la humedad y una tradición de verse a sí misma como distinta del resto de Italia.
La Scuola Genovese — el nombre que la crítica dio al grupo de cantautores que nació en la ciudad — incluía a Gino Paoli, Luigi Tenco, Bruno Lauzi, Umberto Bindi y, el más grande de todos, Fabrizio De André. Todos ellos habían crecido escuchando a Jacques Brel y a Georges Brassens — los cantautores franceses que habían convertido la chanson en un arte capaz de hablar de todo con la misma seriedad que la literatura — y habían decidido hacer lo mismo en italiano, con la sensibilidad genovesa, con el fondo del mar Mediterráneo como paisaje permanente.
Fabrizio De André: El Poeta de los Últimos
Fabrizio De André nació el 18 de febrero de 1940 en Génova — en el barrio de Pegli, hijo de un empresario antifascista que durante la guerra huyó con la familia al campo, en la cascina de Revignano d'Asti donde el pequeño Fabrizio aprendió a conocer la vida campesina y a hablar con la gente que no tenía nada. Esa experiencia infantil de la pobreza vista desde cerca, con los ojos de un niño de familia acomodada que se da cuenta de que el mundo tiene muchas capas y que las capas de abajo son las más honestas, marcó toda su obra.
En Génova, siendo adolescente, tocó la guitarra en el Modern Jazz Group junto a Luigi Tenco — Tenco en el saxofón, De André en la guitarra — y los dos construyeron una amistad y una visión compartida de lo que la canción italiana podía ser: un arte serio, literario, comprometido con los que la sociedad prefería no ver.
Sus primeras canciones — "La Canzone di Marinella" (1964), "La Guerra di Piero" (1964), "Via del Campo" (1967), "Bocca di Rosa" (1967) — establecieron inmediatamente quiénes eran sus protagonistas: las prostitutas, los soldados que mueren en guerras que no entienden, los marginados de los callejones de Génova, los que viven fuera de la ley y fuera de la moral burguesa. Y su punto de vista sobre ellos era siempre el mismo: una compasión sin juicio, un amor por la humanidad imperfecta que no condena ni idealiza sino que simplemente mira y describe con la honestidad de quien sabe que "dai diamanti non nasce niente, dal letame nascono i fior" — "de los diamantes no nace nada, del estiércol nacen las flores."
"Non al Denaro Non all'Amore Né al Cielo" (1971) fue su obra más ambiciosa de esa primera época: un álbum conceptual basado en la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters — el poeta norteamericano que había escrito los epitafios imaginarios de los habitantes de una ciudad ficticia del Medio Oeste americano — traducido y adaptado al italiano con la colaboración de Fernanda Pivano, la traductora que había presentado a Italia a Hemingway, a Kerouac y a Ginsberg. El resultado fue una serie de retratos de personajes marginales — el médico, el chimico, el giocatore, el suonatore Jones — cantados con la sobriedad de quien narra sin implicarse y la compasión de quien ama sin aprobar.
"La Buona Novella" (1970) fue su relectura de los Evangelios apócrifos: la historia de Jesús y María contada desde la perspectiva de quienes la vivieron desde abajo, con una comprensión del mensaje cristiano como mensaje de libertad y de liberación de los oprimidos que la Iglesia oficial difícilmente hubiera suscrito.
En 1979, De André y su compañera Dori Ghezzi fueron secuestrados en su villa de Tempio Pausania, en Cerdeña, por la banda criminal conocida como "la Anonima Sarda." El secuestro duró cuatro meses — de agosto a diciembre — durante los cuales los mantuvieron en las montañas del interior de la isla, en condiciones durísimas. Cuando fue liberado, De André habló de sus captores con una comprensión que desconcertó a la opinión pública italiana: había entendido quiénes eran, de dónde venían, por qué habían elegido ese camino. La Cerdeña del secuestro se convirtió en la Cerdeña amada — la tierra que lo había encerrado también lo había revelado. Sus mejores álbumes posterioresCrêuza de mä (1984), en dialecto genovés, y Anime Salve (1996), con Ivano Fossati — son obras de una madurez artística que pocas figuras del pop europeo han alcanzado.
Murió el 11 de enero de 1999 en Milán, de cáncer de pulmón. Tenía cincuenta y ocho años. En Génova, la ciudad que lo había formado, empezaron a sonar sus canciones por los altavoces de la Vía Garibaldi — la calle del patrimonio de la humanidad de la UNESCO — como si la ciudad supiera que la única manera de honrarlo era hacer lo que él siempre había pedido: que la música llegara a todos, no solo a los que podían pagar una entrada.
Francesco Guccini: El Profesor de Pavana
Francesco Guccini nació en 1940 en Módena — la ciudad emiliana de los motores y del aceto balsámico — pero su alma pertenece a Pavana, el pequeño pueblo apenninico entre Emilia y Toscana donde su familia tenía raíces y donde él volvía cada vez que la ciudad lo saturaba. Profesor de italiano en el DAMS de Bolonia, escritor de novelas policíacas, hombre de osteria que prefería el vino y la conversación a los escenarios: Guccini fue el cantautore más literario de su generación, el que más conscientemente construyó sus canciones como textos que podían leerse en la página con la misma satisfacción con que se escuchaban cantadas.
Sus canciones"La Locomotiva" (1972), una balada épica sobre un maquinista anarquista que secuestra su locomotora y la lanza a toda velocidad hacia un tren de capitalistas, "L'Avvelenata" (1976), una respuesta furiosa y autoirónica a sus propios críticos, "Cirano" (1977), la defensa del que vale más de lo que aparenta, "Dio è Morto" (1967), la canción que fue prohibida por la RAI por blasfemia y que se convirtió por eso en himno de una generación — tienen la densidad verbal de la poesía narrativa y la accesibilidad de la mejor canción popular. Guccini no necesita que lo escuches: puede leerse.
Lucio Dalla: De Bolonia al Mundo
Lucio Dalla nació el 4 de marzo de 1943 en Bolonia — el mismo 4 de marzo que le dio título a su canción más famosa — en una familia de piccola borghesia. Era bajito, con gafas gruesas, con una barba que lo hacía parecer más un intelectual de osteria que una estrella del pop. Y sin embargo fue, junto a De André, el cantautore italiano más amado del siglo XX.
Empezó como músico de jazz — tocaba el clarinete con una habilidad reconocida por los profesionales — y tardó en encontrar la voz propia como cantautor. Cuando la encontró, fue con una canción que la censura le obligó a mutilar: "4 Marzo 1943" (1971) — la historia de una ragazza madre, hijo de un soldato aliado muerto en la guerra, que creció en el puerto sin nombre de padre — contenía originalmente el verso "e anche adesso che bestemmio e bevo vino, per ladri e puttane sono Gesù Bambino" ("y también ahora que blasfemo y bebo vino, para ladrones y putas soy el Niño Jesús"). La censura lo cambió a "per la gente del porto mi chiamo Gesù Bambino". La canción llegó tercera en Sanremo 1971 con la versión censurada y se convirtió en clásico de la música italiana. Chico Buarque y Maria Bethânia la versionaron en portugués.
La obra más grande de Dalla llegó más tarde: "Caruso" (1986) — escrita en la misma habitación del Hotel Vittoria de Sorrento donde había dormido Enrico Caruso en sus últimas noches de vida, cuando un guía turístico le contó la historia del amor final del gran tenor — es probablemente la canción más extraordinaria de la historia del pop italiano: una balada sobre el amor y la muerte cantada por un hombre que siente que su voz se acaba, con una melodía que combina la tradición de la canzone napoletana con el pop contemporáneo de una manera que parece imposible y que sin embargo funciona con la inevitabilidad de las cosas perfectas.
En colaboración con Francesco De Gregori — el otro gran cantautore romano de su generación, el de "Viva l'Italia" y "La Donna Cannone" — realizó en 1979 el tour Banana Republic que fue el momento más importante de la historia del cantautorato italiano como espectáculo de masas: dos poetas en los estadios, con la misma audiencia que un concierto de rock.
Dalla murió el 1 de marzo de 2012 en Montreux, Suiza, de un infarto. Tenía sesenta y ocho años. Tres días antes de su cumpleaños — el 4 de marzo.
Francesco De Gregori y los años setenta
Francesco De Gregori — romano, nacido en 1951, estudiante de Lettere en La Sapienza — fue el cantautore de la imagen poética: sus canciones no cuentan historias lineales sino que acumulan imágenes y metáforas que funcionan a niveles múltiples simultáneos. "Viva l'Italia" (1979) — "Viva l'Italia, l'Italia che lavora / l'Italia che si dispera, l'Italia che non muore" — es el retrato más honesto y más doloroso del país que tiene: no una celebración sino un inventario de contradicciones. "La Donna Cannone" (1983) es la historia de una mujer enorme que se convierte en artista de circo y que en su enormidad contiene la libertad que los demás no tienen.
Su generación — que incluye también a Antonello Venditti, Ivano Fossati, Roberto Vecchioni y Paolo Conte — completó el panorama del cantautorato italiano y estableció que la canción de autor era en Italia un género adulto, serio, capaz de competir en relevancia cultural con la literatura y el cine.
El legado vivo
Los cantautori no son historia: son presente. En la Italia del siglo XXI, artistas como Fabrizio Moro, Ermal Meta, Niccolò Fabi, Samuele Bersani y la generación más reciente del neo-cantautorato siguen construyendo sobre la misma tradición. Las canciones de De André y Guccini se estudian en los liceos italianos. Los discos de Lucio Dalla llenan las playlist de los jóvenes que descubren que la música italiana tiene una capa que el pop de Sanremo no siempre muestra.
La tradición del cantautore es la prueba más directa de que Italia, cuando la música es buena de verdad, no necesita que sea simple para que sea popular. Y que la complejidad, cuando está bien construida, es también la cosa más accesible del mundo.
Nota editorial: Fabrizio De André tardó años en aceptar cantar en vivo. Era tímido — esa timidez específica de los artistas que creen que su obra importa más que su persona. Cuando finalmente empezó a hacer giras, en 1975, el público descubrió que la voz que cantaba era exactamente la voz de las canciones: sin artificio, sin puesta en escena, sin distancia entre el hombre y el artista. "Dal letame nascono i fior" — del estiércol nacen las flores. De André lo cantó toda su vida. Y lo vivió.
10 · 1 en DoReSol
Top 10 de los Cantautori Italianos

Caruso
Andrea Bocelli · Lucio Dalla
1986
La Guerra di Piero
Fabrizio De André
1964
La Locomotiva
Francesco Guccini
1972
Non al Denaro Non all'Amore Né al Cielo
Fabrizio De André
1971
Bocca di Rosa
Fabrizio De André
1967
4 Marzo 1943
Lucio Dalla
1971
Viva l'Italia
Francesco De Gregori
1979
Via del Campo
Fabrizio De André
1967
Dio è Morto
Francesco Guccini
1967
Crêuza de mä
Fabrizio De André
1984
La serie completa
Italia
Ópera, canzone napoletana, cantautores y la nueva escena. Diez siglos de canción.
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CAP 01
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