La génesis de All Things Must Pass se remonta a finales de 1968, tras las tensas sesiones del álbum blanco de los Beatles. Un viaje a Estados Unidos lo acercó a figuras como Bob Dylan y The Band, con quienes experimentó una sensación de igualdad creativa que contrastaba con la dinámica dentro de su antigua banda. Esta etapa también revitalizó su interés por la guitarra, después de un período dedicado al estudio del sitar. De esta efervescencia creativa surgieron canciones que habían quedado fuera de los lanzamientos de los Beatles, como Isn't It a Pity y la que da título al álbum. La producción, que comenzó en mayo de 1970 en los estudios EMI de Londres, se extendió hasta octubre, con la colaboración de un nutrido grupo de músicos, incluyendo a Eric Clapton, Ringo Starr, Billy Preston y miembros de la banda de Delaney & Bonnie, algunos de los cuales formarían Derek and the Dominos. El resultado fue un sonido potente, descrito por Ben Gerson de Rolling Stone como "wagneriano, bruckneriano, la música de las cimas de las montañas y los vastos horizontes".
El impacto de All Things Must Pass fue inmediato y contundente. No solo alcanzó el número uno en las listas de éxitos de todo el mundo, sino que también fue aclamado por la crítica. La producción, a cargo de Phil Spector, empleó su distintiva técnica "Wall of Sound", dándole al disco una dimensión sonora impactante. La sorpresa ante la madurez y solidez del debut de Harrison como solista fue tal que Richard Williams de Melody Maker lo comparó con el primer papel de Greta Garbo en una película sonora, exclamando: "¡Garbo habla! – ¡Harrison es libre!". Con el tiempo, All Things Must Pass ha sido reconocido como uno de los trabajos más destacados de los ex-Beatles. En 2014, el álbum fue incluido en el Salón de la Fama de los Grammy, y ha sido certificado platino en múltiples ocasiones, consolidando su lugar en la historia de la música.