Entre las joyas de este álbum se encuentran la canción que le da título, con ese icónico acorde inicial que se reconoce al instante, y «Can't Buy Me Love». Ambas se convirtieron en éxitos rotundos a ambos lados del Atlántico. La música y la película que la acompañaba capturaron a la perfección la energía desbordante de la Beatlemanía en su apogeo. La sonoridad de la guitarra de doce cuerdas de George Harrison, en particular, resonó con fuerza, inspirando a otras bandas como The Byrds a fusionar el folk con el rock, sentando bases para géneros posteriores. El éxito británico en Estados Unidos, impulsado por discos como este, abrió las puertas a otros grupos del Reino Unido, y a su vez, motivó a jóvenes bandas estadounidenses a componer su propio material.
Curiosamente, el título del álbum y de la película surgió de una expresión espontánea del baterista Ringo Starr, una de esas "Ringo-isms" que, aunque ya había aparecido en escritos de John Lennon, cobró vida propia gracias a la sugerencia del director Dick Lester. La estructura del disco dividía las canciones de la película en su primera cara, mientras que la segunda albergaba temas grabados pero no incluidos en el filme. Fue también el primer álbum en el que se utilizaron cintas de cuatro pistas, facilitando un mejor acabado en la mezcla estéreo. El disco incluía además sencillos previamente lanzados como «Can't Buy Me Love» y «You Can't Do That», además del sencillo «A Hard Day's Night»/«Things We Said Today», editado el mismo día de la publicación del LP.