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🇦🇷 Argentina · 1988–presente

Divididos

Divididos no suena como cualquier banda de rock argentino. Su música se sostiene sobre dos pilares: la potencia rítmica de Diego Arnedo en el bajo y la guitarra de Ricardo Mollo, que entrelaza líneas limpias con distorsiones cortantes. No es solo el sonido lo que los define, sino cómo ese sonido se construye: con ensayos que se alargaban hasta el amanecer en lugares como El Palomar, donde el grupo probaba y descartaba ideas hasta encontrar el equilibrio entre el rock crudo y los matices locales. El resultado es un estilo que oscila entre el funk, el rock y hasta el folklore, sin caer en etiquetas fáciles.

El salto de Sumo a Divididos no fue inmediato. Tras la muerte de Luca Prodan en diciembre de 1987, los músicos que quedaban —Mollo, Arnedo y otros— necesitaron meses para decidir qué hacer. Algunos se dispersaron: Germán Daffunchio se quedó en Córdoba, Roberto Pettinato se fue a España. Pero Mollo y Arnedo, junto al baterista Gustavo Collado, se unieron bajo el nombre provisional de «La División» antes de adoptar el definitivo. Su primer show en junio de 1988 en el Rouge Pub de Flores no pasó desapercibido: el público, en su mayoría fans de Sumo, coreó temas como «Divididos por la felicidad» y «Mejor no hablar de ciertas cosas», que la banda mantuvo en su repertorio. El audio de ese concierto circuló por Internet y se convirtió en un documento de cómo el pasado y el futuro se mezclaban en cada acorde.

2 Álbumes
25 Canciones
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2 álbum|es · 1993 — 2000

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Biografía

El primer disco, 40 Dibujos Ahí En El Piso (1989), grabado en el estudio Panda, ya mostraba esa mezcla: once canciones propias, un cover de «Light My Fire» de The Doors y un poema de T. S. Eliot. Pero fue con Acariciando Lo Áspero (1991) que el trío consolidó su identidad. Temas como «El 38» y «Ala Delta» llevaban el funk-rock a otro nivel, con un groove que recordaba a bandas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La gira de presentación los llevó a llenar el Estadio Obras Sanitarias en 1992, pero fue La Era De La Boludez (1993) el que los catapultó. Producido por Gustavo Santaolalla y mezclado en Estados Unidos, el álbum incluía «¿Qué ves?» y una versión de «El arriero» de Atahualpa Yupanqui, que se volvió un himno inesperado. El disco llegó al primer puesto en ventas, obligando a una reedición, y la banda cerró el año con trece shows agotados en Obras y un récord de 20.000 personas en el estadio de Vélez Sarsfield.

Sin embargo, el éxito no vino sin tensiones. La discográfica les negaba apoyo por «falta de presupuesto», y en 1994 rechazaron tocar como teloneros de Carlos Vives en un show en Vélez. Ese mismo año, en febrero de 1995, convocaron a 40.000 personas en un concierto gratuito en ATC, pero las internas —incluida la salida de Gil Solá y su reemplazo por Jorge Araujo— pusieron en riesgo la continuidad del grupo. La grabación de Otro Le Travaladna en Nueva York en 1995 reflejó esa turbulencia: el título, leído al revés, suena a «A nadar le traba», y el disco exploró desde el hard rock hasta el tango, con críticas que lo describieron como «un descontrol creativo» pero bien ejecutado. Para entonces, Divididos ya no era solo una banda: era una máquina de rock que no pedía permiso.

Datos

Nacimiento
1 ene 1988
País
🇦🇷 Argentina
Género
Rock

Sellos discográficos

Polygram

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