El disco arranca con "Casi estatua", una canción que te atrapa desde el primer momento con una introducción que evoca sonidos de la India y una energía arrolladora, anticipando lo que vendría. Luego, baja un poco la intensidad con la más tranquila "Par mil", que se escuchó bastante en la radio. Mollo explicó que "Tanto anteojo" estaba pensada para aquellos que ostentan un conocimiento que, para él, debería usarse para crecer como persona, no para presumir. Y "Qué pasa conmigo" se destaca por un solo que recuerda a Hendrix. Pero el tema que realmente se convirtió en un clásico es "Spaghetti del rock". Hay quienes dicen que es una dedicatoria a su ex, Érica García, mientras que otros ven en ella una reflexión sobre cómo los medios de comunicación se benefician del mundo de la música. Incluso se menciona una interpretación que conecta la canción con un documental sobre la vida de Luca Prodan que la banda no apoyó.
Más adelante, "Elefantes en Europa" ofrece un contraste, una canción potente que parece capturar una instantánea de la banda en Londres. Luego, "Vida de topo" explora el universo interior de cada persona, una metáfora de un viaje interno que va desde el "Paraíso" hasta la "Catedral", y cómo, al salir a la calle, todos somos anónimos con nuestro propio mundo. La música sigue con "La ñapi de mamá", un rock contundente al que se suman violines, y "Como un cuento", un tema con aires de reggae donde se escucha la particular frase "un chalchalero no es un rolling stone". El álbum también incluye el funk de "Sopa de tortuga" y el rock de "Pasiones zurdas derechas", cerrando con temas como "La gente se divierte" y "La firma del Opa".