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Oktubre 1986
Álbum · por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ↗ Ver artista

Oktubre

El sonido de Oktubre no suena como el de ningún otro disco argentino de 1986. Grabado entre agosto y septiembre de ese año en el estudio Panda, el álbum marcó un giro brusco respecto a Gulp!, su primer trabajo: mezcló new wave con post-punk, climas oscuros y ritmos que se mueven entre lo repetitivo y lo explosivo. El Indio Solari y Skay Beilinson armaron las bases con un bajo que sonaba a pop sucio y guitarras que cortaban como cuchillas, mientras Daniel Melero —de Los Encargados— y Claudio Fernández —de Don Cornelio y la Zona— aportaron teclados y percusiones desde sus respectivos mundos synth-pop y dark wave. El resultado fue un disco frío, crítico, donde los tonos menores y los efectos de reverb —cuidados por el ingeniero Ovel Costa— envolvían cada canción en una atmósfera casi cinematográfica. Rocambole, el artista detrás de la tapa, lo resumió en una imagen: homenajeaba las revoluciones sociales, con referencias a la Revolución rusa de 1917, pero también a las luchas cotidianas contra cualquier forma de opresión.

Año
1986
Canciones
9
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Sobre el álbum

Oktubre, según DoReSol

El disco arranca con estructuras simples que se van desarmando en solos de guitarra y saxo, como si cada tema tuviera dos caras: una que arrastra y otra que estalla. Fuegos de octubre y Motor psico son dos ejemplos claros: empiezan con riffs repetitivos y voces que susurran, pero en el medio se abren en improvisaciones donde el saxo de Gonzo Palacios y las guitarras de Skay se pelean por el protagonismo. Divina TV Führer, en cambio, es un rockabilly acelerado que usa el humor negro para hablar de propaganda y masas, mientras que Ya nadie va a escuchar tu remera —con sus vientos y ritmos sincopados— parece un ska punk disfrazado de canción de bar. La crítica de la época destacó ese clima tenebroso que Melero logró desde los teclados, un sonido que sonaba a futuro distópico pero también a algo que ya estaba pasando en las calles de la Argentina post-dictadura.

En 2007, la edición argentina de Rolling Stone lo ubicó cuarto en su lista de los 100 mejores álbumes del rock argentino, pero en 1986 no buscaban récords: Charly García y Zeta Bosio de Soda Stereo les habían prestado un portaestudio para que probaran ideas, y ellos lo usaron para grabar demos antes de entrar a Panda. El proceso fue caótico: el Indio cantaba melodías sobre patrones de caja de ritmos que Gonzo Palacios programaba, y entre todos ajustaban los golpes hasta que el sonido encajaba. No hubo correcciones de estudio ni retoques exagerados; lo que quedó en cinta fue ese quilombo decadente que ellos mismos definieron como "un punto equidistante entre la sofisticación pop de Soda Stereo y el salvajismo de Sumo".

Discografía

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