La historia detrás
Andrés Calamaro no grabó Una bomba como un tema más de su repertorio. Lo hizo en un momento en que su sonido ya llevaba años de exploración entre el rock, el blues y esos giros tangueros que lo caracterizan. La canción nació en un ensayo rápido, casi como un desahogo entre músicos que se conocían de sobra, pero con un detalle que la hace sonar distinta: el bajo y la guitarra se enredan en un ritmo que no sigue el compás tradicional, como si el tema respirara en un compás de 7/8 sin avisar.
La grabación ocurrió en los estudios de Dombe, un lugar donde Calamaro ya había probado mezclas de sonidos crudos con arreglos más elaborados. Allí, con equipos que no eran los de un estudio profesional, el tema encontró su forma definitiva en solo tres tomas. No hubo correcciones ni ajustes digitales; lo que escuchás es lo que quedó después de que la banda se sentó a tocar sin pensar demasiado en el resultado final. Eso sí, el bajo de Eduardo Cano —que luego sería parte de Los Twist— le da ese peso que hace que la canción no se despegue del suelo, mientras la guitarra de Calamaro se mueve entre notas graves y punzantes, como si el tema tuviera un pie en el garage y el otro en un bar de mala muerte.