La historia detrás
El día de la mujer mundial, según DoReSol
Esta canción suena como un manojo de nervios a punto de estallar. No es el típico tema que se arrastra o se deshace en melodías largas: arranca con un golpe seco, una guitarra que parece hablar antes que cantar, y se queda ahí, en un loop que no pide permiso para seguir. El bajo entra como un susurro que se vuelve insistente, y la batería marca el paso con una cadencia que no es común en el rock de los 90. No hay espacio para adornos aquí; todo está al servicio de una urgencia que no se explica, solo se siente.
Calamaro la grabó en un momento en que su sonido ya no era solo argentino, sino una mezcla de todo lo que había absorbido: el bandoneón de su infancia, la guitarra eléctrica que aprendió a los trece, y ese piano que tocaba con Osvaldo Calo como si fuera un juego. En Uruguay, antes de que su nombre resonara más allá de los escenarios locales, ya andaba probando con bandas que no duraban mucho pero dejaban huella. Primero fue Raíces, donde tocó los teclados en un disco que hoy parece un borrador de lo que vendría. Después vino la Chorizo Colorado Blues Band, un nombre que ya dice todo sobre su actitud: desordenada, sincera, sin filtros. Y justo antes de que el rock lo reclamara como suyo, estuvo en grupos como The Morgan y Stress, donde compartió escenario con músicos que luego serían leyendas. Pero esta canción no habla de eso; habla de otro tipo de tensión, la que se esconde detrás de un título que suena a grito y a ironía al mismo tiempo.
Del álbum
Honestidad brutal
Andrés Calamaro · 1999 · Track 1
Datos
Créditos
Letra Andrés Calamaro
Música Andrés Calamaro