La historia detrás
Te quiero igual suena a esa clase de canciones que se cuelan sin avisar y se quedan. No es un tema que explote con un solo riff pegajoso ni con un estribillo que grite "escúchame", pero tiene algo que engancha desde el primer acorde: una mezcla de melancolía y ternura que suena a confesión a media voz. La letra no sigue el camino fácil de las rimas forzadas; en cambio, fluye como un diálogo íntimo, con frases que parecen sacadas de una conversación de madrugada entre amigos que ya se conocen demasiado.
Calamaro llegó a grabarla después de años moviéndose entre bandas y proyectos, tocando de todo: desde el blues hasta el rock, pasando por grupos que ni siquiera duraban lo suficiente como para tener nombre fijo. Antes de ser el Calamaro que todos conocemos, anduvo por Uruguay haciendo sesiones con Raíces, probando suerte con formaciones efímeras como la Chorizo Colorado Blues Band y hasta tocando teclados en grupos que imitaban a The Platters. Pero su camino se definió cuando Héctor Zeta Bosio lo invitó a sumarse a The Morgan, un grupo donde también estaba Gustavo Cerati. De ahí saltó a Stress, la banda que terminó siendo el germen de Los Estereotipos. Para cuando Te quiero igual vio la luz, Calamaro ya había pasado por suficientes cambios como para saber que la música no siempre necesita gritos para decir algo importante.