La historia detrás
La Vela Puerca arrancó con un disco que ya olía a futuro. Deskarado, grabado en 1996 con ayuda del concurso Generación '96 y el empuje del sello Obligado Records, trajo un sonido que mezclaba el empuje del rock con el groove del reggae y el brío del ska, todo coronado por metales que se colaban entre los acordes como un viento del Río de la Plata. Pero fue en Potosí, ese corte de 3:13 que se cuela en el mismo disco, donde la banda encontró un ritmo que late distinto: no es solo la melodía, es la manera en que la sección de vientos se enrosca con la batería para crear esa sensación de avance constante, como si la canción llevara un tren de fondo.
La historia detrás de Potosí tiene más de casualidad que de planificación. El disco Deskarado se grabó en medio de la efervescencia de los veranos montevideanos, cuando la banda aún no sabía que ese material los llevaría a tocar en el Teatro de Verano y a ganarse un disco de oro antes de cumplir los tres años. El salto a Argentina llegó después, con la Girafónica del 2000, un nombre que ya adelantaba lo que vendría: voces roncas, sudor en el escenario y la energía justa para telonear a Los Piojos. Pero antes de eso, el disco había cruzado los dedos de Gustavo Santaolalla, quien lo remezcló y relanzó en 1999 bajo Surco/Universal, dándole un brillo nuevo sin perder la esencia. Potosí quedó ahí, en medio de ese vaivén, como un puente entre lo que eran y lo que estaban por ser.