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Del álbum

The Paul Butterfield Blues Band

The Paul Butterfield Blues Band

The Paul Butterfield Blues Band · 1965 · Track 9

Datos

Duración2:35
ÁlbumThe Paul Butterfield Blues Band
Año1965
ISRCUSEE10182568

La historia detrás

La primera vez que escuché Mystery Train en versión de The Paul Butterfield Blues Band, me quedé enganchado en ese riff de guitarra que suena como un tren que nunca llega del todo. No es un blues al uso: tiene un aire entre rockabilly y electric blues, con un tempo que avanza pero no se precipita, como si el vagón de cola arrastrara algo más que pasajeros. El tema no habla de trenes en el sentido literal —el título es puro misterio—, pero la repetición obsesiva de "dieciséis vagones" y "el tren negro largo" le da esa cadencia hipnótica que hace que el oyente sienta el traqueteo bajo los pies. Lo gracioso es que, según el historiador Colin Escott, nadie sabe de dónde salió el nombre: ni una línea de la letra lo menciona, y sin embargo ahí está, como un fantasma que recorre toda la canción.

La versión original la grabó Junior Parker en 1953 bajo el nombre Little Junior's Blue Flames, en los estudios de Sam Phillips en Memphis, con una banda que incluía a Floyd Murphy en la guitarra y a Raymond Hill en el saxo tenor. Phillips, que años después produciría a Elvis Presley, le dio a la grabación un sonido crudo, sin filtros, como si el micrófono hubiera capturado el aire caliente de la sala. Parker la lanzó como cara B de Feelin' Good, pero el tema no escaló en las listas. Sin embargo, el riff y la estructura se quedaron flotando en el aire del blues de los 50, hasta que Elvis la rescató en 1955 como lado B de I Forgot to Remember to Forget. Allí, con Scotty Moore al frente de la guitarra y ese eco característico de Sun Records, la canción se volvió un puente entre el rhythm and blues y el rockabilly. Lo curioso es que, cuando The Band la versionó en 1973 para Moondog Matinee, le agregaron letras nuevas escritas por Robbie Robertson, pero mantuvieron esa sensación de viaje que nunca termina: un tren que lleva algo —o a alguien— y que, por más que lo persigas, siempre se aleja.