La historia detrás
En las calles de Costa Rica suena como un viaje en el tiempo: la batería de Oscar Moro marca el paso con una cadencia que se enreda en el teclado de Charly García, mientras el bajo y la guitarra tejen un entramado de sonidos que parecen flotar entre lo onírico y lo urbano. No es una canción que se limite a sonar: es un paisaje que se despliega. El tema se construye sobre capas de sintetizador y piano que dialogan con un ritmo que no se deja atrapar del todo, como si la melodía avanzara en un compás que se resiste a ser recto. Hay algo en esa tensión entre lo estructurado y lo libre que hace que cada vez que suena, sientas que estás escuchando algo que no se repite igual.
Grabada en los estudios Ion durante 1977, esta pieza nació en un momento en que La Máquina estaba explorando territorios más ambiciosos que en su primer disco. El álbum Películas, donde está incluida, refleja esa búsqueda: los arreglos son más elaborados, casi cinematográficos, como si cada canción fuera una escena. El diseño de Juan Oreste Gatti le da un aire visual que refuerza esa idea de narración. No es casual que en 2007 la revista Rolling Stone argentina la ubicara en su lista de los mejores álbumes de rock nacional. Pero más allá de los reconocimientos, lo que perdura es esa sensación de que la canción existe en un lugar entre lo real y lo imaginado, como si Costa Rica fuera solo el pretexto para construir algo mucho más grande.