La historia detrás
Obertura 777 arranca con un golpe de teclado que parece sacado de una película de ciencia ficción: el piano de Charly García se enreda en un patrón que se repite como un bucle hipnótico, pero algo no cierra del todo. No es un compás común, sino un juego de tensiones que se resuelve en el primer estribillo, donde la batería de Oscar Moro entra con una precisión casi militar. El tema no sigue el camino fácil: cada sección tiene su propio peso, como si la canción estuviera construida por capas que se superponen sin avisar. Eso sí, en los 4 minutos y 53 segundos de duración no hay espacio para el aburrimiento; el oyente queda atrapado en esa mezcla de rock progresivo con toques de jazz y un aire futurista que, para 1977, sonaba a invento.
El disco Películas, donde aparece Obertura 777, se grabó en los estudios Ion durante ese mismo año, con equipos que hoy parecen rudimentarios pero que en su momento dieron forma a un sonido más ambicioso que el del álbum anterior. Charly García no solo tocó el piano y el sintetizador, sino que también se encargó de los arreglos, llevando la canción a un territorio donde lo técnico y lo emocional chocan sin perder elegancia. No era música para llenar estadios, sino para que quienes la escucharan sintieran que estaban ante algo distinto, como si cada nota hubiera sido calculada para desafiar al oyente. La revista Rolling Stone argentina lo recordó en 2007, colocando Películas en el puesto 71 de sus mejores álbumes de rock argentino, pero el verdadero mérito de Obertura 777 está en cómo sigue sonando fresco décadas después.