La historia detrás
Clonazepán y circo, según DoReSol
La canción Clonazepán y circo suena como un viaje rápido entre lo íntimo y lo caótico, donde la guitarra se enreda con una letra que parece escrita al vuelo. No es una balada ni un tema épico, sino algo más cercano a un monólogo acelerado, como si el narrador intentara contar una historia antes de que se le escape. El ritmo no se detiene en ningún momento: la batería marca un pulso constante y la melodía avanza con esa mezcla de desparpajo y precisión que suele definir el estilo de Andrés Calamaro. Algo en la forma de cantar, entre susurros y gritos contenidos, le da un aire de confesión urgente, como si las palabras fueran pastillas que hay que tragar rápido para no ahogarse.
Calamaro llegó a este tema con el bagaje de quien ya había tocado en bandas de todo tipo, desde grupos de rock hasta formaciones de blues. Antes de grabarla, había pasado por proyectos como Raíces en Uruguay, donde arrancó como teclista, y luego formó parte de agrupaciones como Chorizo Colorado Blues Band junto a su amigo Augusto Gringui Herrera. Más tarde, en Buenos Aires, se movió entre bandas de sesión y grupos efímeros, como Stress, donde coincidió con Gustavo Cerati y Héctor Zeta Bosio, antes de que estos dos últimos terminaran formando Los Estereotipos. Pero Clonazepán y circo no suena como un ensayo de esos años: tiene una urgencia distinta, como si estuviera hecha en un cuarto de hotel con un teclado prestado y la necesidad de decir algo antes de que se acabe la noche.
Del álbum
Honestidad brutal
Andrés Calamaro · 1999 · Track 4
Datos
Créditos
Letra Andrés Calamaro, Marcelo Scornik
Música Andrés Calamaro, Gringui Herrera