La historia detrás
Café Tacvba metió en 24 horas un ritmo que no parece de dos minutos. Suena como si el tiempo se hubiera estirado sin avisar: un loop de batería que no encaja en cuatro tiempos, pero tampoco en cinco, y una guitarra que repite un patrón corto hasta que el cuerpo lo siente antes que la mente. Es de esas canciones que no piden permiso para quedarse en la cabeza, como si el cerebro prefiriera olvidar el resto del álbum antes que soltar este fragmento.
Lo grabaron en Cuernavaca, Morelos, en una casa que no era estudio, con equipos que no eran los mejores, pero que dejaron un sonido crudo donde cada instrumento se escucha como si estuviera en la misma habitación. Rubén Albarrán, firmando como Cosme en los créditos, llevó la voz en un registro que oscila entre el susurro y el grito contenido, como si la letra se le hubiera escapado antes de terminarla. Gustavo Santaolalla y los propios Café Tacvba se repartieron la producción, y el resultado es un disco que no suena a ensayo ni a producción sobrecargada, sino a algo que nació de un error y terminó siendo necesario. 24 horas no es la más larga del álbum Re, pero en esos ciento diecinueve segundos caben más ideas que en muchas canciones de cinco minutos.