🇨🇱 CL · Chile · Capítulo 3 de 6

La Nueva Canción Chilena: El Movimiento que el Mundo Escuchó Después del Golpe (1965–1973)

En 1970 ocurrió algo que no había ocurrido antes en la historia de América Latina: un gobierno socialista llegó al poder por vía electoral democrática. **Salvador Allende** ganó la presidencia de Chile con el 36% de los votos y una coalición de partidos de izquierda llamada **Unidad Popular**. Y en la campaña que lo llevó al gobierno, en los mitines y las concentraciones, en los barrios populares y las universidades, la música que sonaba era la de la **Nueva Canción Chilena**.

11 min de lectura publicado 27/05/2026 14 lecturas por DoReSol
La Nueva Canción Chilena: El Movimiento que el Mundo Escuchó Después del Golpe (1965–1973)

El movimiento no nació para hacer campaña política. Nació en 1965 en una peña — un local de música en vivo — que los hijos de Violeta Parra, Ángel e Isabel, abrieron en la calle Carmen 340 de Santiago: la Peña de los Parra, el espacio donde una generación de músicos jóvenes se reunía a tocar canciones que combinaban el folclore latinoamericano con instrumentos andinos, con la complejidad armónica de la canción de autor europea, con letras que hablaban de la realidad social de Chile y del continente con una honestidad que la radio comercial nunca habría permitido.

Lo que unía a todos esos músicos — Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani, Illapu, Patricio Manns, Rolando Alarcón, Isabel y Ángel Parra — no era un programa político sino una actitud estética y ética: la convicción de que la música popular tenía la obligación de hablar del mundo real, de que los instrumentos de los pueblos originarios eran tan legítimos como la guitarra eléctrica, y de que la canción podía ser al mismo tiempo arte y acto político sin que ninguna de las dos dimensiones traicionara a la otra.

La Peña de los Parra y el Nacimiento del Movimiento

La Peña de los Parra fue el primer espacio físico del movimiento: un local pequeño y barato donde los músicos tocaban sin amplificación para audiencias de estudiantes, intelectuales y trabajadores que pagaban una entrada modesta y escuchaban en silencio — o cantaban todos juntos cuando reconocían la canción.

El modelo de la peña — el espacio íntimo de música en vivo alternativo a la industria discográfica y a la televisión — se extendió rápidamente por Santiago y por el resto del país. Las universidades tenían sus peñas. Los sindicatos tenían sus peñas. Los barrios populares tenían sus peñas. La música llegaba directamente desde el músico al público sin el filtro de la industria que habría domesticado su contenido.

El sello DICAP — Discoteca del Cantar Popular, fundado en 1968 por las Juventudes Comunistas — fue el brazo discográfico del movimiento: una disquera que grababa y distribuía la música de la Nueva Canción sin las limitaciones del mercado comercial. La mayoría de los discos fundamentales del movimiento se publicaron en DICAP.

Víctor Jara: El Artista más Completo de Chile

Víctor Lidio Jara Martínez nació el 28 de septiembre de 1932 en San Ignacio, una pequeña localidad rural del sur de Chile, en una familia campesina. Su madre era cantora popular — la primera voz que escuchó, la primera guitarra que vio tocar. Su padre era alcohólico y violento. Su infancia fue dura de una manera que él transformó en materia artística sin convertirla en victimismo: las canciones de Víctor Jara hablan de los pobres sin condescendencia, porque él era uno de ellos.

Llegó a Santiago de adolescente, estudió teatro en la Universidad de Chile y se convirtió en uno de los directores escénicos más importantes del teatro universitario chileno — una dimensión de su obra que frecuentemente se olvida cuando se habla solo del cantautor. La formación teatral le dio algo que la mayoría de los cantautores de su generación no tenían: la capacidad de construir una canción como una escena, con personajes, con conflicto dramático, con resolución.

Sus canciones son pequeñas obras de teatro: "Te recuerdo Amanda" (1969) — la historia de Amanda que corre cinco minutos para encontrarse con Manuel durante el descanso de la fábrica, sabiendo que Manuel no va a volver porque fue a la sierra y "quedó entre la nieve y la tierra y el mar" — es una narrativa perfecta en cuatro minutos: amor, trabajo, guerra, muerte, sin ninguna palabra de más. La canción no explica el conflicto político que mató a Manuel — lo muestra en el cuerpo de Amanda que corre y en el espacio vacío donde Manuel debería estar.

"El derecho de vivir en paz" (1971) — escrita contra la intervención americana en Vietnam, con el título de un poema de Pablo Neruda — se convirtió durante la revuelta social chilena de 2019 en el himno más cantado de las protestas: cuarenta y ocho años después de haber sido grabada, la canción encontró su momento más masivo cuando Chile volvió a las calles a exigir lo mismo que Jara había pedido.

"Plegaria a un labrador" (1969) — ganadora del Primer Festival de la Nueva Canción Chilena — es su obra más ambiciosa en términos formales: una plegaria laica al trabajador del campo, con la estructura de un salmo y la urgencia de un discurso político, que convierte la tradición religiosa popular en instrumento de consciencia de clase.

"Manifiesto" (1973) — grabada semanas antes del golpe, como si supiera lo que venía — es su testamento artístico: "Canto porque la guitarra tiene sentido y razón / canto que ha sido valiente, siempre será canción nueva." La declaración de fe en la canción como acto político y ético que no necesita justificación más allá de sí mismo.

El 11 de Septiembre de 1973

El golpe militar que derrocó a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 fue, entre muchas otras cosas, un acto de violencia cultural deliberada: la dictadura de Augusto Pinochet sabía exactamente lo que la Nueva Canción significaba, quiénes eran sus artistas y cuán profundamente habían conectado con la base social del gobierno que acababa de destruir.

Inti-Illimani y Quilapayún, nombrados embajadores culturales del gobierno de Salvador Allende, se encontraban en Italia y Francia, respectivamente, cuando les llegó la noticia del golpe de Estado. El azar los salvó: si hubieran estado en Chile esa mañana, probablemente habrían corrido la suerte de Víctor Jara.

El 12 de septiembre de 1973, apenas un día después del golpe militar, Jara fue detenido y llevado al Estadio Chile, donde sería torturado y asesinado. Durante los días que estuvo detenido junto a casi cinco mil presos en ese estadio, siguió escribiendo. El sábado 15 de septiembre, tomó papel y lápiz y escribió sus últimos versos para dejar grabado en el papel el espanto que estaba viviendo. Ese poema"Somos cinco mil" — es uno de los documentos más devastadores de la historia de la represión política en América Latina.

Lo mataron en el Estadio Chile de 44 balazos después de ser torturado durante días. Sus verdugos le destrozaron la cara y las manos: "Ahora te quiero ver tocar esas canciones tan lindas, hijo de puta", le dijeron.

En 2023, cincuenta años después, seis exmilitares fueron condenados por su asesinato. El estadio donde murió lleva hoy su nombre.

Quilapayún: La Cantata de Santa María

Quilapayún — "tres barbas" en mapudungun — fue el grupo más directamente ligado a la acción política del movimiento: un conjunto coral de voces masculinas con instrumentos andinos y guitarras que interpretaba canciones de autor y obras de composición colectiva con una solemnidad y una potencia que los convertía en el sonido oficial de la izquierda chilena.

Su obra más importante — la "Cantata Popular Santa María de Iquique" (1970), con música de Luis Advis y texto de Quilapayún — es la pieza más ambiciosa de toda la Nueva Canción Chilena: una cantata en forma de oratorio popular que narra la masacre de la Escuela Santa María de Iquique en 1907, cuando el ejército chileno disparó contra tres mil trabajadores mineros del salitre y sus familias que se habían congregado en esa escuela para exigir mejores condiciones de trabajo. Se estima que murieron entre quinientas y tres mil seiscientas personas.

La Cantata convirtió ese episodio olvidado — deliberadamente enterrado por la historia oficial — en memoria colectiva de la clase trabajadora chilena. Sigue siendo la obra vocal más ejecutada de la historia musical chilena y una de las más importantes de toda América Latina.

Inti-Illimani: La Sofisticación Andina

Inti-Illimani — "sol de la montaña nevada" en aymara — nació en 1967 entre estudiantes de la Universidad Técnica del Estado con una orientación más musical y menos directamente agitativa que Quilapayún: su proyecto era explorar las músicas de toda América Latina — andina, caribeña, brasileña, andina boliviana — y construir con ellas un lenguaje musical nuevo que fuera popular sin ser simplista.

Con más de tres décadas de trabajo en la música de raíz latinoamericana, con fuertes influencias de Europa y del folclor más profundo de Chile, Inti-Illimani es una escuela de sonido y ética para la cultura local. La variedad de instrumentos que llegaron a dominar — quena, sikus, charango, cuatro venezolano, mandolín, además de los instrumentos convencionales — les permitía crear texturas sonoras que ningún otro grupo del movimiento alcanzaba.

El golpe los encontró de gira en Europa. Comenzaron quince años de exilio en Italia que convirtieron su música en la cara más internacional de la resistencia chilena.

La Música que el Golpe No Pudo Destruir

La Nueva Canción Chilena se dio a conocer al mundo gracias a la repercusión del golpe militar del 11 de septiembre de 1973: hasta entonces, los cantantes chilenos eran prácticamente desconocidos fuera del país, pero el creciente interés por la nueva situación política y la publicidad de los exiliados provocó que se formase todo un fenómeno musical conocido internacionalmente.

La paradoja más cruel de la historia de la Nueva Canción Chilena es esa: el mismo golpe que la destruyó dentro de Chile la lanzó al mundo. Quilapayún e Inti-Illimani tocaron en Europa, en México, en Cuba, en todo el mundo solidario con la resistencia chilena, llevando las canciones de Víctor Jara y de Violeta Parra a audiencias que las adoptaron como propias.

La dictadura quemó los discos. La gente los seguía cantando de memoria.

Nota editorial: Los militares que torturaron a Víctor Jara en el Estadio Chile le quebraron las manos antes de matarlo — según algunos testimonios, específicamente para que no pudiera tocar la guitarra. Y él, con las manos destrozadas, siguió escribiendo. El poema "Somos cinco mil" fue escrito en ese estadio, con ese cuerpo, en esas condiciones. La dictadura quiso destruir la música quitándole las manos al músico. No entendió — o entendió demasiado tarde — que la música de Víctor Jara no vivía en sus manos sino en las manos y las voces de todos los que la habían aprendido. Cincuenta años después, "El derecho de vivir en paz" sonó en todas las plazas de Chile durante el estallido social de 2019. Las manos que la tocaban eran otras. La canción era la misma.

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Top 10 de la Nueva Canción Chilena

#CanciónArtista
01

Te recuerdo Amanda

Víctor Jara · 1969

La canción más perfecta de la Nueva Canción Chilena. El amor y la muerte de la clase trabajadora en cuatro minutos sin una palabra de más. El nombre de Amanda dado a una generación de niñas chilenas.

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02

Cantata Popular Santa María de Iquique

Quilapayún / Luis Advis · 1970

La obra vocal más ambiciosa de la historia musical chilena. La masacre de 1907 rescatada del olvido oficial y convertida en memoria colectiva de los trabajadores. La pieza más ejecutada del repertorio coral chileno.

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03

El derecho de vivir en paz

Víctor Jara · 1971

Escrita contra la guerra de Vietnam, cantada en las calles de Santiago en 2019. La canción que demostró que cuarenta y ocho años no envejecen una verdad. El himno que la dictadura no pudo enterrar.

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04

Manifiesto

Víctor Jara · 1973

El testamento artístico escrito semanas antes del golpe. La declaración de fe en la canción como acto político que no necesita justificación. La última afirmación de Víctor Jara antes de que lo callaran.

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05

Plegaria a un labrador

Víctor Jara · 1969

El salmo laico al trabajador del campo. La tradición religiosa popular convertida en instrumento de conciencia política. Primer Premio del Festival de la Nueva Canción Chilena.

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06

Venceremos

Quilapayún / Sergio Ortega · 1970

El himno de la campaña de Salvador Allende. La canción que se cantó cuando ganó y que se prohibió cuando lo derrocaron. La melodía que la dictadura persiguió y que el mundo siguió cantando.

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07

El pueblo unido jamás será vencido

Quilapayún / Sergio Ortega · 1973

La consigna musical más reproducida de la resistencia latinoamericana. Versionada por músicos de todo el mundo como símbolo universal de la resistencia popular.

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08

Somos cinco mil

Víctor Jara · 1973

No es una canción — es el último poema escrito en el Estadio Chile con las manos destrozadas. El documento más devastador de la represión pinochetista y uno de los textos más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XX.

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09

Canto al programa

Inti-Illimani · 1970

Inti-Illimani en su versión más directamente política: el programa de gobierno de la Unidad Popular convertido en música. La canción como acto de campaña.

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10

La Partida

Patricio Manns · 1966

El poeta y trovador de la Nueva Canción en su momento más lírico. Manns aportando al movimiento la dimensión más literaria y más personal, en el contrapunto necesario con la urgencia política de Jara y Quilapayún.

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