🇨🇱 CL · Chile · Capítulo 4 de 6
El Exilio y la Resistencia: La Música Chilena Fuera de Chile (1973–1990)
El 11 de septiembre de 1973, cuando los aviones de la Fuerza Aérea chilena bombardearon el Palacio de La Moneda y el general Augusto Pinochet tomó el poder, la música popular chilena se partió en dos: la que quedó adentro del país, bajo la represión y la censura, y la que salió al exilio con los artistas que pudieron escapar.
Las dos mitades tuvieron destinos diferentes y produjeron músicas diferentes — pero las dos tenían en común la misma raíz: la convicción de que cantar era resistir, de que la canción podía hacer lo que el silencio no podía hacer, de que la memoria de lo que Chile había sido era la única promesa de lo que podría volver a ser.
Los Primeros Días: La Represión
La dictadura no tardó en dejar claro cuál era su relación con la música popular. Los músicos sufrieron en carne propia la represión. Víctor Jara fue torturado y extrajudicialmente ejecutado en el Estadio Chile. Ángel Parra fue torturado en el Estadio Nacional y enviado al campo de concentración en Chacabuco. Jorge Peña Hen, músico clásico que formó orquestas con jóvenes de barrios populares, fue asesinado por la llamada Caravana de la Muerte.
La quema de discos fue literal: los militares destruyeron colecciones enteras de vinilo, ordenaron a las radios eliminar los registros de la Nueva Canción, elaboraron listas negras de artistas prohibidos. Hubo una prohibición no escrita de tocar quenas, charangos y zampoñas, que eran considerados instrumentos "subversivos". Los instrumentos andinos que Inti-Illimani y Quilapayún habían llevado al centro de la escena musical chilena fueron declarados simbólicamente enemigos del régimen.
La lógica era clara y brutal: si la música había sido parte del proyecto político de Allende, destruir la música era destruir la memoria de ese proyecto. La dictadura entendió perfectamente lo que sus víctimas también entendían: que las canciones eran peligrosas precisamente porque sobrevivían a las personas que las habían escrito.
El Exilio: Italia, Francia y el Mundo
Inti-Illimani y Quilapayún, nombrados embajadores culturales del gobierno de Salvador Allende, se encontraban en Italia y Francia, respectivamente, cuando les llegó la noticia del golpe. El azar de estar de gira los salvó. Pero salvarse significaba también no poder volver: ambos grupos fueron inmediatamente incluidos en las listas de personas prohibidas de entrar a Chile.
Lo que hicieron en los años siguientes fue construir una segunda vida desde el exilio. Al no poder regresar a su país, los miembros de Inti-Illimani fijaron su residencia en Italia hasta 1988, desde donde apoyaron las campañas de solidaridad internacional por la recuperación de la democracia en Chile. Quilapayún hizo lo mismo desde Francia.
Tocaron en toda Europa, en México, en Cuba, en Venezuela, en cualquier país que los recibiera. Sus conciertos no eran solo actuaciones musicales sino actos políticos: cada presentación era una denuncia de la dictadura, una demanda de justicia para los desaparecidos, una reivindicación de la democracia chilena ante audiencias de todo el mundo que de otra manera habrían sabido poco y nada de lo que ocurría en ese país largo del extremo sur.
Los jóvenes que habían salido de Chile a sus veinte años volverían cubiertos de canas y con sus familias a cuestas, luego de haber sido la cara más visible de los chilenos en el exterior, quienes se dedicaron a contarle al mundo, en su caso con canciones, qué era lo que sucedía puertas adentro en su largo país.
La música del exilio tiene una textura específica que la diferencia de la Nueva Canción anterior al golpe: la nostalgia se volvió material artístico principal. Canciones que describían Chile desde la distancia — el olor de la tierra, las calles de Santiago, los paisajes de la cordillera vistos desde el recuerdo — con la melancolía de quien sabe que el regreso no depende de él sino de la caída de un dictador.
"Vuelvo" — compuesta por Horacio Salinas de Inti-Illimani desde el exilio en Roma, con letra de Patricio Manns — fue la canción del regreso antes de que el regreso fuera posible: "Con cenizas, con desgarros, con nuestra altiva impaciencia, con una honesta conciencia, con enfado, con sospecha, con activa certidumbre pongo el pie en mi país."
El Canto Nuevo: La Resistencia Interior
Los que se quedaron en Chile — los que no pudieron o no quisieron irse — también necesitaban una música. La represión había destruido la Nueva Canción como movimiento organizado, pero no había destruido la necesidad de cantar.
Lo que emergió en los años setenta y ochenta al interior de Chile fue el Canto Nuevo: un movimiento más discreto, más hermético, más metafórico que la Nueva Canción — porque la New Canción había podido decir las cosas directamente y el Canto Nuevo tenía que decirlas sin que el censor las entendiera de inmediato.
Conjuntos como Santiago del Nuevo Extremo, Abril, Aquelarre, Ortiga o el dúo proveniente de Valdivia Schwenke y Nilo formaron este movimiento, con solistas como Eduardo Peralta, Hugo Moraga, Isabel Aldunate, Cristina González y Juan Carlos Pérez. Con una lírica algo hermética, vinculada principalmente al espacio urbano, sus sonidos se podían escuchar en el Café del Cerro, el Café Ulm, el Rincón de Azócar, recintos universitarios, dependencias de la Iglesia Católica y sedes de organizaciones poblacionales.
Los espacios del Canto Nuevo eran los únicos que la dictadura no controlaba completamente: las iglesias, que bajo el liderazgo del cardenal Raúl Silva Henríquez habían declarado su oposición a la represión, abrieron sus puertas a los artistas. Las universidades — vigiladas pero nunca completamente silenciadas — mantenían sus peñas clandestinas. Los cafés de Bellavista y el barrio Italia de Santiago funcionaban como espacios de encuentro donde la resistencia cultural se articulaba sin poder nombrarse directamente.
El Canto Nuevo era más poético, más abstracto — la facción más contemplativa de la juventud del momento. Era una primera respuesta musical frente a la dictadura, heredera de la Nueva Canción pero obligada a hablar de otra manera.
Illapu y el Regreso
Illapu — formado en 1971 en Antofagasta — fue el grupo que mejor representó la experiencia de los artistas que vivieron la represión desde adentro antes de verse forzados al exilio. Sus miembros fueron perseguidos, algunos torturados, y finalmente tuvieron que salir de Chile. Como Inti-Illimani y Quilapayún, siguieron haciendo música desde el exterior como acto de resistencia y de memoria.
El Plebiscito de 1988: El Regreso
El 5 de octubre de 1988, los chilenos votaron en el plebiscito que Pinochet había convocado para legitimar su continuidad en el poder. El resultado fue el No — el 54,7% de los votantes rechazó la continuación de la dictadura. Fue el principio del fin del régimen.
Y en las semanas previas al plebiscito, los artistas del exilio empezaron a volver. El conjunto Illapu regresó a Chile el 17 de septiembre de 1988. Un día después lo hizo Inti-Illimani. Por su parte, Quilapayún volvió a Chile el 29 de septiembre, a solo seis días del plebiscito.
No sabían qué pensar, pues una de las posibilidades era que se tratara de una treta de Pinochet. Venía el 5 de octubre, día del plebiscito. ¿Vas a regresar con tu hija de cuatro años o vas a poner en peligro a tu esposa? Fue muy controvertido todo.
El concierto de Inti-Illimani en el Estadio Nacional de Santiago tras su regreso fue uno de los momentos más cargados de emoción en la historia de la música chilena: el grupo que había salido joven y volvía mayor, tocando en el mismo estadio donde quince años antes habían torturado y asesinado a los presos políticos del golpe. La geografía del horror convertida en espacio de celebración y de memoria.
La Canción del No: Chile Tiene Alegría
La campaña del plebiscito tuvo su propia banda sonora: "Chile, la alegría ya viene" — el jingle que la coalición opositora usó en sus spots de televisión, con su melodía desenfadada y su promesa de futuro — fue la canción política más escuchada de Chile en 1988. No tenía la profundidad artística de las canciones de Víctor Jara ni la ambición de la Cantata de Santa María, pero cumplía una función diferente: le decía a una población que había vivido quince años de miedo que era posible sonreír y que la alegría era un acto político.
Isabel Parra: La Hija que Continuó
Isabel Parra — hija de Violeta, cofundadora de la Peña de los Parra — vivió el exilio desde México y Europa y fue uno de los puentes más constantes entre la tradición de su madre y la Nueva Canción del exilio. Grabó los poemas de Pablo Neruda y Mario Benedetti. Actuó con Inti-Illimani en Europa. Llevó las canciones de Violeta Parra a audiencias que nunca habían escuchado el nombre de Chile.
Su hermano Ángel Parra sobrevivió la tortura y el campo de concentración de Chacabuco y se exilió en México, donde siguió componiendo y grabando hasta su muerte en 2017. Juntos, los dos hijos de Violeta fueron los custodios más directos del legado de su madre durante los años más oscuros.
Nota editorial: Inti-Illimani pasó quince años en Italia. Llegaron con veinte años y volvieron con treinta y cinco. Sus hijos nacieron en Roma y hablaban italiano antes de hablar español. Las canciones que escribieron en el exilio tienen una capa de dolor específico que no existía en la Nueva Canción anterior al golpe: la nostalgia de quien describe un país que ya no sabe exactamente cómo es, porque el país que recuerda dejó de existir el día del golpe y el que existe ahora lo conoce solo de oídas. Esa distancia entre la memoria y la realidad — entre Chile como fue y Chile como es — es el material con que se construyó la mejor música del exilio chileno. Y cuando finalmente volvieron y pisaron la tierra que habían cantado desde tan lejos, tuvieron que aprender de nuevo a cantar desde adentro.
10 · 0 en DoReSol
Top 10 de la Música del Exilio y la Resistencia Chilena
Vuelvo
Inti-Illimani / Patricio Manns · 1984
La canción del regreso antes de que el regreso fuera posible. El exilio convertido en poesía desde Roma: la certidumbre y la desconfianza del que sabe que quiere volver pero no sabe si puede.
El pueblo unido jamás será vencido
Quilapayún / Sergio Ortega · 1973
La consigna musical más reproducida de la resistencia latinoamericana del siglo XX. Quilapayún en París cantándola por el mundo mientras en Chile estaba prohibida.
Hacia la libertad
Inti-Illimani · 1974
La primera respuesta musical al golpe desde el exilio italiano. La rabia y la esperanza de quienes no pudieron volver convertidas en canción desde Roma.
Chile, la alegría ya viene
campaña del No · 1988
El jingle que venció a una dictadura. La melodía que le dijo a quince años de miedo que era posible sonreír. La función política de la canción popular en su versión más directa y más eficaz.
Santiago de Chile
Quilapayún · 1975
La ciudad perdida cantada desde el exilio parisino. El mapa sentimental de Santiago como forma de resistirse al olvido.
El flaco Chile
Schwenke y Nilo · 1982
El Canto Nuevo en su versión más popular: el dúo de Valdivia cantando al Chile largo y delgado con el humor melancólico de quien lo ama desde adentro bajo la represión.
No me amenaces
Santiago del Nuevo Extremo · 1978
El Canto Nuevo en su momento más directo y más arriesgado: la respuesta a la amenaza del poder desde el espacio hermético de la canción urbana que el censor no alcanzaba a descifrar completamente.
Palimpsesto
Inti-Illimani · 1981
El álbum más ambicioso del exilio italiano: la búsqueda de un sonido que integrara la experiencia europea sin perder las raíces latinoamericanas. Inti-Illimani en su versión más cosmopolita.
Las casitas del barrio alto
Víctor Jara (versión del exilio) · 1974
La canción grabada antes del golpe que los exiliados convirtieron en himno de la resistencia: la denuncia de la clase alta chilena que apoyó el golpe cantada desde el mundo entero.
Concierto en el Estadio Nacional
Inti-Illimani · 1988
No es un disco sino un acontecimiento: el regreso del exilio al estadio de la represión, convertido en celebración. El espacio del horror transformado en espacio de memoria y de alegría. El arco completo de quince años de historia chilena en una sola noche.
La serie completa
Chile
Nueva canción, rock chileno, cueca, Violeta Parra y el legado. Un país que se reinventa cantando.
-
CAP 01
🇨🇱 Cap 01
La Música Tradicional y el Folclore: Las Tres Raíces de un País Largo (siglos XVI–XX)
Chile es el país más largo del mundo: 4.300 kilómetros de norte a sur, desde el desierto de Atacama — el más árido del planeta — hasta los canales patagónicos y la Tierra del Fuego
-
CAP 02
🇨🇱 Cap 02
Violeta Parra: La Fundadora (1917–1967)
Existe una manera cómoda y equivocada de recordar a **Violeta Parra**: como la señora que cantaba folclore chileno y escribió "Gracias a la Vida". Es una reducción que la convierte
-
CAP 03
🇨🇱 Cap 03
La Nueva Canción Chilena: El Movimiento que el Mundo Escuchó Después del Golpe (1965–1973)
En 1970 ocurrió algo que no había ocurrido antes en la historia de América Latina: un gobierno socialista llegó al poder por vía electoral democrática. **Salvador Allende** ganó la
-
CAP 04 vos estás acá
🇨🇱 Cap 04
El Exilio y la Resistencia: La Música Chilena Fuera de Chile (1973–1990)
El 11 de septiembre de 1973, cuando los aviones de la Fuerza Aérea chilena bombardearon el Palacio de La Moneda y el general Augusto Pinochet tomó el poder, la música popular chile
-
CAP 05
🇨🇱 Cap 05
El Rock y el Pop Chileno: La Generación que Habló desde Adentro (1965–2000)
La música chilena bajo la dictadura tuvo dos caras: la que cantaba desde el exilio y la que cantaba desde adentro. El Canto Nuevo fue la cara más visible de la resistencia interior
-
CAP 06
🇨🇱 Cap 06
El Siglo XXI: La Música Chilena que Habla al Mundo (2000–hoy)
El 18 de octubre de 2019, estudiantes secundarios de Santiago comenzaron a saltar masivamente los torniquetes del metro para protestar contra un aumento de treinta pesos en el pasa
Te puede interesar también
3 artículos elegidos por similitud editorial