🇧🇷 BR · Brasil · Capítulo 1 de 6

El Samba: El Latido de un País (1917–presente)

El samba no nació en un estudio de grabación ni en una sala de conciertos. Nació en

8 min de lectura publicado 26/05/2026 2 lecturas por DoReSol
El Samba: El Latido de un País (1917–presente)

el quintal —el patio trasero— de Tia Ciata, una curandera baiana que había migrado a Río de Janeiro y cuya casa en el barrio de la Pequeña África, en el centro de la ciudad, era uno de los pocos lugares donde los negros libertos podían reunirse, tocar y cantar sin que la policía los dispersara. Corría la primera década del siglo XX, y el samba era todavía una práctica perseguida: las autoridades lo consideraban música lasciva, vulgar, incompatible con el proyecto de modernización del país.

Sus raíces son antiguas y múltiples. Vienen de la samba de roda de Bahía —declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO— que a su vez desciende del jongo, del lundu y de otros ritmos afrobrasileños que los esclavizados trajeron desde el Congo, Angola y otras regiones del África subsahariana. Cuando los baianos migraron masivamente a Río a fines del siglo XIX tras la abolición de la esclavitud en 1888, llevaron consigo esa herencia musical y la transformaron en contacto con la ciudad, con el carnaval carioca y con los instrumentos que encontraron disponibles: la guitarra de siete cuerdas, el cavaquinho, el pandero, el tamborim.

El resultado fue un ritmo nuevo: sincopado, colectivo, danzable, profundamente urbano y al mismo tiempo profundamente africano. Un ritmo que Brasil nunca pudo ignorar del todo, aunque durante décadas lo intentó.

1917: el primer registro

La primera grabación reconocida como samba data del 21 de enero de 1917. Se llama Pelo Telefone, está atribuida al guitarrista Donga —Ernesto dos Santos— y fue registrada en la Biblioteca Nacional de Brasil. La historia de esa canción es en sí misma un espejo de cómo funcionaba el samba: era una creación colectiva, nacida en las rodas de Tia Ciata, que Donga inscribió en solitario ante el escándalo de los demás participantes. La disputa sobre la autoría nunca se resolvió del todo. Tampoco importa demasiado: lo que importa es que Pelo Telefone se convirtió en el mayor éxito del carnaval carioca de 1917, y que con su popularidad el término "samba" comenzó a circular en los medios y en la clase media urbana que hasta entonces lo había rechazado.

Las escuelas de samba: cuando la favela organizó su propia epopeya

En la década del veinte nació una institución que transformaría al samba para siempre: las escolas de samba. La primera fue Deixa Falar, fundada en 1928 en el barrio Estácio. En los años siguientes surgirían las que definirían la identidad musical de Río durante el siglo XX: la Estação Primeira de Mangueira, fundada entre otros por Cartola en 1928; la Portela, surgida del bloco Vai Como Pode alrededor del mismo año; Salgueiro, Beija-Flor, Imperatriz Leopoldinense. Cada escuela tenía su barrio, su color, su historia, su comunidad.

El samba-enredo —el samba narrativo que acompaña el desfile de carnaval— surgió en los años treinta y convirtió el carnaval de Río en algo que no existía en ningún otro lugar del mundo: un espectáculo de masas donde la música, la coreografía, las alegorías visuales y la narración histórica se fundían en un evento de varios días que movilizaba a barrios enteros durante todo el año. Componer el samba-enredo vencedor era —y sigue siendo— el honor más grande al que puede aspirar un sambista.

El presidente Getúlio Vargas entendió el poder político del samba y en los años treinta y cuarenta lo promovió activamente como símbolo de identidad nacional, lo que tuvo el efecto paradójico de dar legitimidad institucional a una música nacida en la resistencia y la marginalidad. La Radio Nacional de Río de Janeiro, fundada en 1936, llevó el samba a todo el país. Nombres como Noel Rosa, Ary Barroso y Carmen Miranda —quien lo llevaría hasta Hollywood— construyeron en esas décadas el canon de la era dorada del género.

Cartola: el poeta de Mangueira

Angenor de Oliveira, conocido como Cartola, es probablemente el nombre más importante de toda la historia del samba. Nació en 1908 en Río de Janeiro, creció en el Morro da Mangueira —entonces una favela en formación— y fue uno de los fundadores de la Estação Primeira de Mangueira en 1928. Durante décadas compuso con una delicadeza poética y una sofisticación armónica que no tenían precedente en el género. Sin embargo, su carrera discográfica fue tardía y accidentada: pasó años en el anonimato trabajando como lavador de autos antes de que el movimiento de redescubrimiento del samba de los años sesenta lo devolviera al centro de la escena.

Grabó su primer álbum homónimo recién en 1974, a los 65 años. Le siguió un segundo Cartola en 1976 —ubicado en el puesto 8 de la lista histórica de Rolling Stone Brasil— y otros discos hasta su muerte en 1980. En esos pocos años de carrera discográfica formal dejó una obra que la crítica equipara con los grandes de la canción popular mundial: letras donde el amor, la melancolía, la belleza del Rio cotidiano y la dignidad de los humildes convivían con una música de una sutileza extraordinaria. "As Rosas Não Falam", "O Mundo é um Moinho", "Acontece" son canciones que pertenecen al patrimonio emocional de Brasil.

El redescubrimiento de los sesenta y setenta

La llegada de la bossa nova en 1958 tuvo un efecto paradójico sobre el samba tradicional: al principio pareció eclipsarlo, pero sus músicos —muchos de clase media con formación en jazz— empezaron a voltear la mirada hacia las favelas y a descubrir las generaciones de sambistas que habían compuesto durante décadas sin reconocimiento ni grabaciones.

El Zicartola, el restaurant que Cartola y su esposa Zica abrieron en los años sesenta en el centro de Río, se convirtió en el punto de encuentro donde la intelectualidad de la bossa nova conoció a los maestros del samba de raíz: Cartola, Nelson Cavaquinho, Clementina de Jesus, Zé Keti, Paulinho da Viola. Fue un encuentro que cambió el curso de ambas tradiciones.

Clementina de Jesus merece una mención especial. Comenzó su carrera profesional a los 63 años, descubierta cantando en una taberna por el compositor Hermínio Bello de Carvalho. Su voz —profunda, áspera, cargada de todo el peso de la tradición afrobrasileña— era como escuchar el África directamente. Grabó solo cuatro álbumes solistas antes de morir en 1987, pero su influencia sobre generaciones de cantantes fue inmensa.

Paulinho da Viola, nacido en 1942, fue el puente entre la vieja guarda y la modernidad. Criado en un ambiente musical —su padre era guitarrista y en su casa ensayaban Pixinguinha y Jacob do Bandolim— construyó una obra que profundizó la sofisticación armónica del samba sin abandonar jamás su espíritu. Su disco Foi Um Rio Que Passou Em Minha Vida (1970) es uno de los grandes álbumes de la historia del género.

En los setenta, Beth Carvalho —la madrina del pagode— y Clara Nunes devolvieron el samba a las radios con producciones más accesibles pero sin traicionar la raíz. Martinho da Vila aportó el samba de partido alto con una elegancia y un humor propios. La década fue de reconquista: el samba volvía a ser la música de Brasil.

El pagode: el samba se renueva desde los suburbios

A principios de los años ochenta, cuando el rock brasileño y la música disco habían reducido la presencia del samba en los medios masivos, un nuevo movimiento emergió de los suburbios del norte de Río de Janeiro: el pagode. El grupo Fundo de Quintal fue su núcleo creador, incorporando instrumentos nuevos —el banjo de siete cuerdas, el tantã— y un lenguaje más informal y festivo que conectaba con las nuevas generaciones. Beth Carvalho fue la gran difusora del movimiento, llevando a sus festivales a músicos como Zeca Pagodinho, Jorge Aragão y Jovelina Pérola Negra.

El pagode fue el samba de los años ochenta y noventa: masivo, alegre, a veces criticado por simplificar la tradición, pero vital para mantener el género vivo en tiempos donde la industria apuntaba en otras direcciones.

El samba hoy: tradición viva

El samba del siglo XXI convive en múltiples dimensiones simultáneas: las escuelas de samba siguen siendo el mayor espectáculo popular del planeta durante el carnaval de Río; el samba de raíz tiene una audiencia culta y fiel que llena pequeños bares y teatros; el pagode ha derivado en variantes más comerciales pero de enorme convocatoria; y una nueva generación de compositores e intérpretes —Teresa Cristina, Diogo Nogueira, Roberta Sá, Seu Jorge— mantiene el diálogo entre tradición y contemporaneidad con una honestidad y una calidad que garantizan la continuidad.

El samba es, antes que un género musical, una forma de estar en el mundo. Una filosofía de cuerpo y comunidad que Brasil construyó durante siglos desde sus márgenes y que terminó siendo el corazón de su identidad. Ningún otro país latinoamericano tiene algo comparable en términos de profundidad histórica, complejidad cultural y vigencia simultánea.

Selección editorial

Top 10 Álbumes Esenciales del Samba

  1. 1

    Cartola

    1974

    Cartola
  2. 2

    Cartola

    1976

    Cartola
  3. 3

    Foi Um Rio Que Passou Em Minha Vida

    1970

    Paulinho da Viola
  4. 4

    Gente da Antiga

    1981

    Paulinho da Viola
  5. 5

    Rosa de Ouro

    1965

    Conjunto Rosa de Ouro
  6. 6

    Clementina, Cadê Você?

    1970

    Clementina de Jesus
  7. 7

    Nelson Cavaquinho

    1973

    Nelson Cavaquinho
  8. 8

    Como Eu Quero

    1976

    Beth Carvalho
  9. 9

    Festa de Música

    1972

    Martinho da Vila
  10. 10

    A Voz do Samba

    1970

    Velha Guarda da Portela

Próximo capítulo — Serie Brasil: La Bossa Nova: cuando Brasil susurró y el mundo se detuvo a escuchar (1958–1967).

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Sobre esta serie · 6 entregas

Brasil.

Samba, bossa nova, MPB, tropicalismo. La cultura musical más densa del continente.

  • EP 01

    El Samba: El Latido de un País (1917–presente) DoReSol · 8 min · publicado 26/05/2026

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  • EP 02

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