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🇵🇾 Paraguay · 1905 — presente

Herminio Giménez

La música de Herminio Giménez late con el ritmo de los ríos y las guitarras que cruzan fronteras. Su sonido no se queda en Paraguay: se expande por América como un eco que lleva el chamamé, la guarania y el vals paraguayo a escenarios donde esos géneros no eran comunes. Hay en sus composiciones algo que late más fuerte que el tiempo: melodías que suenan a tierra húmeda después de la lluvia, a historias contadas entre mates y guitarras. Las polcas como Poncho jhovy o Yasy morotí, compuestas cuando aún era un niño en General Caballero, ya mostraban esa mezcla de tradición y frescura que lo definiría. Pero donde realmente se nota su sello es en piezas como Che trompo arasá o Alto Paraná, donde el arpa y los violines dialogan como si estuvieran sentados en la misma mesa. No es música para escuchar de pasada: pide que la toques, que sientas cómo el rasgueo de la guitarra se enreda con el punteo del arpa en un vaivén que no se detiene.

Su carrera dio un giro inesperado cuando la Guerra del Chaco lo llevó a dirigir la banda militar. No fue solo un trabajo: allí aprendió a traducir el caos en orden, y esa disciplina se notaría después en cada orquesta que lideró. El exilio en Corrientes y Buenos Aires no lo frenó, sino que lo empujó a crear. En los años 30 y 40, sus orquestas sonaban en Río de Janeiro y Nueva York, llevando sonidos paraguayos a lugares donde nadie los esperaba. Pero fue en los 50 y 60 cuando su música encontró su voz más reconocible. Malvita, por ejemplo, se convirtió en un tema que músicos como Ernesto Montiel o Damasio Esquivel versionaron una y otra vez, como si cada interpretación le diera un nuevo color. No buscaba fama internacional, sino que su música hablara por sí misma.

1900s
1 Canciones
10 Oyentes/mes

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Biografía

En los 70, ya instalado en Corrientes, se convirtió en un puente entre dos orillas. Con la Orquesta Folklórica de la Provincia de Corrientes, grabó en 1973 el disco Corrientes y su música en nueva dimensión, un trabajo donde el chamamé y el folclore se mezclaban con arreglos que sonaban a futuro. Pero su obra más audaz llegó en 1975: la Misa Folklórica Paraguaya, estrenada en Asunción con la ayuda del obispo Monseñor Ismael Rolón. No era una misa común: era un grito de fe y tradición, donde los violines y las arpas elevaban las palabras como si fueran himnos. Después del derrocamiento de Alfredo Stroessner en 1989, pudo volver a su tierra, pero su legado ya era más grande que cualquier frontera. Murió en 1991, dejando atrás un catálogo que va desde la polca más clásica hasta la guarania más íntima, pasando por valses que parecen susurrados al oído. Obras como Lejanía, Cerro Corá o Che Novia Kue Mí siguen ahí, esperando a que alguien las toque y las haga vivir de nuevo.

Datos

Nacimiento
20 feb 1905
País
🇵🇾 Paraguay

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