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🇵🇾 Paraguay · 1916 — presente

Demetrio Ortiz

El sonido de Demetrio Ortiz se construyó entre el tereré de Asunción y el asfalto de Buenos Aires, donde la guitarra paraguaya encontró en sus dedos un lenguaje propio. No fue un músico que buscara inventar formas nuevas, sino que moldeó lo que ya existía —la guarania, el fandango, las danzas de la Cordillera— con una sensibilidad que convertía lo cotidiano en canción. Su obra más conocida, Recuerdos de Ypacaraí, no nació de un encargo ni de un momento de inspiración repentina, sino de una tarde en Córdoba, mientras acompañaba al gran Félix Pérez Cardozo. Allí, entre ensayos y giras, brotó esa melodía que hoy sigue siendo el puente más claro entre Paraguay y quienes la escuchan por primera vez. Pero antes de llegar a ese punto, hubo años de aprendizaje duro: lustrabotas en Asunción, noches de serenata en Alberdi, y la primera guitarra "robada" —o rescatada— de entre los restos de una pelea de músicos, que se convirtió en su compañera inseparable.

Su carrera dio un giro en 1946, cuando regresó a Asunción y se encontró con la muerte de su madre, a quien le dedicó Mis Noches Sin Ti, su primera guarania "viajera". Ese dolor lo llevó a componer fuera de Paraguay por primera vez, y al año siguiente, integrado a un grupo dirigido por Herminio Giménez, cruzó el río con rumbo a Buenos Aires. La Revolución del 47 lo encontró en el exilio artístico, pero también en el lugar donde su música empezaría a resonar más allá de las fronteras. Allí, junto a Ignacio Melgarejo, formó un dúo que lo llevó a tocar en el noreste argentino, hasta que la separación del grupo lo dejó solo frente a la oportunidad: unirse al conjunto de Félix Pérez Cardozo, donde las cuerdas de la guitarra paraguaya ganaban un nuevo brillo en tierras argentinas.

1910s
2 Canciones
270 Oyentes/mes

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Biografía

En los años 50, Ortiz ya no era solo un guitarrista o un cantante: se había convertido en un difusor incansable del arte paraguayo. Con su esposa, Elida Maidana, como cómplice, armó su propia orquesta y se dedicó a enseñar no solo música, sino también danzas, en peñas y centros culturales como el Centro Manuel Ortiz Guerrero o la Casa Paraguaya. Su obra más ambiciosa, la obra teatral Anivéna karaikuéra!, estrenada en 1954 en el Teatro Politeama, fue un llamado a la unidad bajo la Tricolor, y ganó un concurso con jurado que incluía a Augusto Roa Bastos. Pero quizá su legado más profundo fue el de formar a nuevas generaciones: en su Peña Ypacaraí, en pleno centro de Buenos Aires, no solo pintaba retratos o componía, sino que guiaba a jóvenes músicos que querían aprender el oficio. Murió en 1975, pero su guitarra sigue sonando en cada acorde de Recuerdos de Ypacaraí, como si el tiempo no hubiera pasado.

Datos

Nacimiento
22 dic 1916
País
🇵🇾 Paraguay

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