El impacto de Nevermind fue algo que nadie anticipó. Se convirtió en un éxito rotundo tanto en crítica como en ventas, llegando a desplazar a Dangerous de Michael Jackson del primer puesto del Billboard 200 en enero de 1992. El sencillo principal, "Smells Like Teen Spirit", alcanzó el Top 10 del Billboard Hot 100 y, con el tiempo, fue incluido en el Grammy Hall of Fame. Le siguieron otros temas muy escuchados como "Come as You Are", "Lithium" y "In Bloom". La crítica especializada reconoció la calidad del álbum, votándolo como el mejor del año en la encuesta Pazz & Jop, mientras que "Smells Like Teen Spirit" lideró las listas de sencillos y videos del año. La banda recibió tres nominaciones a los Grammy Awards, incluyendo una para Best Alternative Music Album. Nevermind catapultó a Nirvana a la fama mundial, y Cobain fue visto como la voz de su generación, llevando el grunge y el rock alternativo a una audiencia masiva y contribuyendo al declive del hair metal. Este disco también revitalizó el interés por la cultura punk entre jóvenes.
La génesis de Nevermind se remonta a principios de 1990, cuando Nirvana comenzó a planificar su segundo álbum para Sub Pop, con el título provisional Sheep. Siguiendo la recomendación de Bruce Pavitt, jefe de Sub Pop, eligieron a Butch Vig como productor, admirando su trabajo previo. La banda viajó a los estudios Smart en Wisconsin para grabar, completando la mayoría de los arreglos básicos, aunque Cobain aún trabajaba en las letras. De estas sesiones iniciales surgieron temas que luego serían regrabados para Nevermind, como "Breed" (originalmente "Imodium") y "In Bloom". La llegada de Dave Grohl a la banda, tras la disolución de Scream, fue un punto de inflexión, uniendo las piezas que faltaban. Cobain, influenciado por bandas como Pixies y su dinámica de "ruido/silencio", buscaba un sonido más melódico, alejándose del rock pesado y distorsionado que caracterizaba la escena grunge de Seattle. Este deseo de explorar nuevos caminos, sumado a las dificultades financieras de Sub Pop, llevó a Nirvana a firmar con Geffen Records, a través de su sello DGC Records, una decisión influenciada también por la recomendación de su equipo de management, que representaba a bandas como Sonic Youth.