Este trabajo se distingue por su carácter profundamente íntimo y autobiográfico, explorando una variedad de estilos que van desde el rock, la balada y el country hasta la milonga, el merengue, la rumba, el rap y la ranchera. Entre las piezas más significativas, la que da título al álbum, *19 días y 500 noches*, resalta por su fuerza narrativa. También encontramos *Cerrado por derribo*, una canción que Sabina grabó con dos enfoques líricos distintos, siendo *Nos sobran los motivos* su otra cara. *Una canción para la Magdalena*, con música aportada por Pablo Milanés, y *Dieguitos y Mafaldas*, inspirada en una relación del cantautor con una argentina, son otros puntos altos. La atmósfera del disco se ve enriquecida por la participación de Chavela Vargas en un recitado dentro de *Noches de boda*. Además, se percibe la influencia del escritor Antonio Oliver en la autoría de algunas letras, y el título *Donde habita el olvido* rinde homenaje a la obra de Luis Cernuda, quien a su vez se inspiraba en versos de Gustavo Adolfo Bécquer.
El impacto de *19 días y 500 noches* fue considerable. Meses después de su publicación, Joaquín Sabina fue reconocido con el Premio Ondas como mejor artista español de 1999. La revista Rolling Stone en España lo incluyó en el puesto 7 de su lista de los 50 mejores discos de rock español. La edición argentina del álbum, además, presentó una selección de temas ampliada con dos canciones adicionales.