The story behind
The Message suena como un viaje que arranca en el living de una casa cualquiera y termina en el cielo. No es jazz de esos que se quedan en el pentagrama: aquí los saxos se estiran como girasoles buscando luz, las baterías golpean con una urgencia que no pide permiso y las cuerdas se enredan en un diálogo donde nadie cede. El tema se construye sobre un groove hipnótico que no se resuelve en cuatro compases, sino que se expande como un suspiro largo, casi desordenado, pero con una precisión que solo aparece cuando la banda respira al unísono. Lo más curioso es cómo ese caos aparente termina siendo la columna vertebral: no hay cortes bruscos ni transiciones forzadas, solo una corriente que arrastra todo a su paso.
La grabaron en 2015, en un momento en que The Epic —el álbum que la contiene— se convirtió en el primer disco de Kamasi Washington en salir por Brainfeeder, un sello que en ese entonces ya olía a revolución. Los ingenieros —entre ellos Tony Austin, Chris Constable y Julie Everson— dejaron que los micrófonos captaran cada respiración de los músicos, sin editar los errores ni pulir los bordes. El resultado es una toma en vivo donde hasta el sudor de los dedos sobre las cuerdas suena a propósito. Benjamin Tierney, el que mezcló, logró que el sax de Washington flotara sobre el resto sin ahogarlo, como si el sonido mismo tuviera peso y ligereza al mismo tiempo. La duración de once minutos no es un capricho: es el tiempo justo para que la canción respire, se desarme y vuelva a armarse sin prisa.