La historia detrás
Stella Mae empieza con un golpe seco de guitarra que se clava como un suspiro entrecortado. No es un blues cualquiera: ese ritmo que parece tambalearse, pero que en realidad obedece a una cadencia propia, es la firma de John Lee Hooker. La canción avanza con una voz que no canta, sino que susurra, como si cada palabra costara arrastrarla desde el fondo del pecho. El bajo y la batería se mueven en un vaivén que no busca imitar a nadie, y ahí está la magia: no suena a blues de Delta ni a boogie tradicional, sino a algo que solo él podía inventar.
La grabaron en Chicago en 1966, en una sesión que quedó registrada en el álbum The Real Folk Blues. Ralph Bass, el productor, dejó que Hooker hiciera lo suyo sin forzarlo: nueve temas originales, algunos acelerados y otros lentos como un camino polvoriento al atardecer. Stella Mae dura menos de tres minutos, pero en ese tiempo caben décadas de experiencia. No es una canción para analizar, sino para sentirla pasar, como un tren que se aleja sin avisar.