La historia detrás
Rina soi, según DoReSol
Juana Molina lleva años explorando el sonido como si fuera un territorio sin mapas. En Rina soi, ese viaje llega a un punto donde lo repetitivo no es repetición, sino un camino que se abre y se cierra sobre sí mismo. La canción dura casi diez minutos y no se siente larga: el bucle de sintetizadores y la voz que se desarma y reconstruye parecen flotar entre lo hipnótico y lo ritual. No hay estribillos convencionales ni versos que se repitan igual; en cambio, hay capas de texturas que se superponen como si el tiempo mismo estuviera siendo moldeado en el estudio.
El disco Doga, donde aparece Rina soi, es su primer trabajo con material nuevo en ocho años y el primero desde Rara (1996) en el que trabaja con un productor externo. Las grabaciones comenzaron en 2020 en su estudio casero de General Pacheco, en el Greater Buenos Aires, y se extendieron hasta 2025. Antes de eso, en 2019, Molina había preparado una serie de conciertos llamados Improviset junto al teclista Odín Schwartz, donde registraron más de sesenta horas de improvisación con sintetizadores analógicos y secuenciadores. Esos registros, capturados en cinta, terminaron siendo la semilla de lo que luego se convertiría en Doga. Lo curioso es que la canción no busca resolver nada: cada repetición es una variación, cada silencio una pausa activa. No suena a música que se toca, sino a música que se vive.
Del álbum
Doga
Juana Molina · 2025 · Track 10
Datos