La grabación del álbum se extendió entre 2020 y 2025. Se hizo en distintos lugares: en el estudio de Juana Molina en General Pacheco, en el estudio Sonorámica en Córdoba, y en Hotel2Tango en Montreal, donde trabajó con músicos canadienses como Leslie Feist, Andrew Barr y Howard Bilerman. Para organizar todo lo grabado, contrató a Emilio Haro, quien la ayudó a elegir y condensar las horas de material. Haro la animó a regrabar canciones varias veces y a pensar más en las letras, algo que no hacía normalmente.
Doga fue bien recibido por críticos. Se destacó su sonido experimental y su capacidad para mezclar lo digital con lo orgánico. La música de Juana Molina siempre ha sido difícil de clasificar, y en este disco se sigue esa línea, pero con una mirada más exploradora. La combinación de sintetizadores, voces, guitarra, batería y bajo crea un ambiente que se mueve entre lo familiar y lo inesperado.