La historia detrás
La pieza On the Run de Pink Floyd es un viaje sonoro que captura la tensión y el vértigo de los desplazamientos, especialmente los aéreos, un tema que Richard Wright asociaba con el miedo a la propia finitud. La idea germinal provino de David Gilmour, pero fue Roger Waters quien le dio una estructura melódica distinta, resultando en ambos como coautores. Lo fascinante de esta composición es su concepción puramente electrónica. Se construyó a partir de una secuencia de ocho notas introducida en un sintetizador EMS Synthi AKS. Para lograr ese sonido característico, se aceleró la secuencia y se añadió ruido blanco, junto con pulsos del secuenciador que, al mezclarse, generaron la percusión tipo hi-hat. A esto se sumaron efectos de guitarra reproducidos al revés, obtenidos al arrastrar un pie de micrófono por el mástil y luego invertir la cinta, con un paneo que va de izquierda a derecha. Otros elementos de sintetizador VCS3 recrearon el efecto Doppler, simulando el paso de un vehículo. La secuencia principal se reproduce a un ritmo vertiginoso de 165 BPM, con la frecuencia y resonancia del filtro en constante modulación. Hacia el final, se escucha un último acorde de guitarra que se desvanece justo antes de dar paso a las campanas de Time, la siguiente canción del álbum.
La gestación de On the Run fue un proceso de experimentación y ajuste. Una primera base instrumental se grabó el 31 de mayo de 1972, pero se descartó para dar lugar a una nueva versión el 13 de junio. Los trabajos continuaron durante el resto del año, culminando con las últimas capas de sonido añadidas el 9 de febrero de 1973. Los registros de estudio de esta etapa se etiquetaron de forma curiosa como "More Weird Noises". Lo notable es que, según se cuenta, todo lo que se oye en la pista, salvo los efectos de sonido, se grabó en directo. No existía la posibilidad de sincronizar dos interpretaciones, por lo que la ejecución era completamente en vivo. Incluso en giras, la secuencia de notas debía ser introducida manualmente, muy despacio, para luego acelerarla en la reproducción y conseguir ese efecto secuencial rápido que escuchamos. Antes de que el álbum saliera a la luz, durante las presentaciones en vivo de 1972, esta pieza era conocida como The Travel Sequence y consistía en una improvisación más simple, centrada en una interacción de guitarra y piano eléctrico, sin la complejidad electrónica que luego definiría la versión final. La banda decidió que la potencia del sintetizador Synthi AKS era la dirección correcta, reemplazando la improvisación inicial. En los conciertos, el clímax de la canción se acompañaba de un modelo de avión que surcaba el escenario para simular un accidente espectacular, un efecto que se replicaría en giras posteriores con variaciones.