La historia detrás
Nel blu es una canción que flota entre lo hipnótico y lo onírico, con un aire que parece sacado de un sueño donde el Mediterráneo se mezcla con el folklore italiano. No es solo una melodía: es un viaje que empieza suave, casi como un susurro, y va ganando cuerpo hasta envolver al oyente en un clima donde lo ancestral y lo moderno chocan sin perder elegancia. El tema tiene esa capacidad de sonar a la vez antigua y fresca, como si hubiera estado siempre ahí pero recién ahora alguien la hubiera puesto en palabras y acordes.
La grabaron en 2005, casi como un paréntesis entre dos mundos: mientras Canzoni a manovella, su disco anterior, sonaba a un circo desarmado, Ovunque proteggi —el álbum que la contiene— llegó con una atmósfera más íntima y cargada de matices. Las sesiones se hicieron principalmente en las Officine Meccaniche de Mauro Pagani, un lugar donde el ruido de las máquinas se mezclaba con la creatividad pura. Para cuando salió, en enero de 2006 en la Chiesa di San Carpoforo de Milano, ya llevaba meses dando vueltas en la cabeza de Vinicio Capossela, quien por entonces vivía entre Milano y sus raíces en la Irpinia. La canción en sí dura 5:15, pero en ese tiempo caben paisajes enteros: desde el eco de las tabernas de Romagna hasta el peso de la tradición literaria que lo marcó, pasando por esa obsesión suya por los sonidos que suenan a tierra pero no se quedan quietos.
El disco no pasó desapercibido: en 2006 se llevó la Targa Tenco, y al año siguiente la revista Mojo la ubicó entre los mejores del año en su categoría. Pero más allá de los premios, lo que queda es esa sensación de que Nel blu no se agota en un solo escucha. Es de esas piezas que piden ser tocadas una y otra vez, como si cada vez revelara un nuevo matiz, un nuevo suspiro entre los acordes.