La historia detrás
Me cuesta creer es de esas canciones que se clavan en la memoria sin avisar. No es la más larga ni la más ruidosa del disco, pero tiene un gancho que se repite como un eco: esa guitarra que entra con un aire juguetón y ese bajo que la sostiene sin llamar la atención. La letra suena a confesión a medias, como si el que canta supiera que lo que dice no va a convencer a nadie, pero igual lo suelta. Hay algo en la mezcla de esa melodía ligera con la letra que duele sin que se note por qué.
La grabaron en marzo del 2002 en Santiago de Chile, con Mariano Pavéz al mando de la consola, salvo Clara que quedó registrada en Montevideo un mes después con Álvaro Reyes. El disco se presentó ese octubre en el Teatro de Verano, y desde ahí la banda no paró de moverse por todo el país. Emiliano Brancciari se llevó la mayoría de los créditos de composición, aunque Mateo Moreno aportó dos temas. Duró cuatro minutos y treinta y tres segundos, tiempo justo para que la canción se quede dando vueltas en la cabeza.