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Acordes en preparación
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La historia detrás
Chovendo na roseira, según DoReSol
La magia de Chovendo na roseira empieza con un detalle que pocos notan al escucharla: el piano de César Camargo Mariano suena como si estuviera tocando bajo la lluvia, pero no es cualquier lluvia. Es una que cae sobre un jardín de rosas, y la voz de Elis Regina se enreda en esas gotas con una precisión que parece escrita en el aire. No es una canción que se canta, es una que se siente: el fraseo de Elis no sigue el ritmo de la percusión, sino que lo desafía, como si cada palabra fuera una gota que resbala por un cristal. El resultado es esa sensación de que, si cierras los ojos, el tiempo se detiene en ese instante entre el golpe del agua y el florecer de la rosa.
Grabada a principios de marzo de 1974 en los MGM Studios de Los Angeles, Chovendo na roseira nació en un momento en que Elis cumplía una década con su sello discográfico, y el regalo que le dieron fue este encuentro con Tom Jobim. No buscaban un disco perfecto, sino uno donde la voz de ella y el piano de él se encontraran como dos ríos que se mezclan sin perder su esencia. El ingeniero Humberto Gatica y el productor Aloysio de Oliveira dejaron que la toma fluyera sin cortes, y en esos tres minutos con once segundos —el tiempo exacto de la canción— quedó atrapado algo que ni siquiera los arreglos de César pudieron predecir: la emoción de quien sabe que está haciendo historia sin proponérselo. El álbum Elis & Tom vendría después, pero esta pista ya llevaba dentro el germen de lo que sería uno de los discos más escuchados de la música brasileña.
Del álbum
Elis & Tom
Elis Regina · 1974
Datos