La historia detrás
La esencia de *Águas de Março* reside en su fluir constante, una metáfora sonora de la vida misma, con sus inicios y finales, sus pequeños obstáculos y la inevitable marcha del tiempo. La inspiración para esta pieza, nacida en marzo, el mes más lluvioso de Río de Janeiro, se manifiesta en su estructura musical. Las lluvias torrenciales y los vientos fuertes que inundan la ciudad arrastran consigo todo tipo de elementos: palos, piedras, trozos de vidrio. Esta imagen se traslada a la canción, con una progresión descendente y continua, como el agua que fluye por las alcantarillas, llevando consigo un torrente de sensaciones y observaciones cotidianas. La composición original, de Tom Jobim, se gestó en su propiedad en Poço Fundo, mientras trabajaba en otra pieza, *Matita Perê*. Los primeros versos, "é pau, é pedra, é o fim do caminho", reflejan esa sensación de cierre y el comienzo de algo nuevo, una idea que se despliega a lo largo de la pieza.
Esta canción tuvo varias vidas y formas. Inicialmente se lanzó en un formato corto junto a João Bosco, pero fue en el álbum *Elis* de Elis Regina, en 1972, donde cobró un impulso significativo. Más tarde, se incluyó en el trabajo de Jobim, *Matita Perê*, y en 1974, la versión a dúo con Elis Regina, incluida en el LP *Elis & Tom*, se convirtió en un hito. Las sesiones de grabación de este último disco, realizadas en Los Ángeles, California, en febrero y marzo de 1974, contaron con los arreglos innovadores de César Camargo Mariano, quien introdujo instrumentos eléctricos en la bossa nova, dotando a clásicos como *Águas de Março* de una frescura particular. La canción incluso trascendió el ámbito musical, inspirando campañas publicitarias en la década de 1980 para Coca-Cola y, en los años 90, para el Ayala Center en Filipinas. En 2001, una encuesta entre periodistas y artistas brasileños la nombró la mejor canción de Brasil de todos los tiempos, y en 2009, ocupó el segundo lugar en un ranking de la revista Rolling Stone, solo superada por *Construção* de Chico Buarque.