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La historia detrás
Bim bom, según DoReSol
Bim Bom es ese minuto y cuarto donde todo el samba se dobla sobre sí mismo para respirar. No es una canción que avanza: se queda quieta, como si el tiempo se hubiera detenido en el instante en que una lavandera equilibra un cesto de ropa sobre su cabeza junto al río São Francisco. João Gilberto no la canta; la deja caer, suave, con la guitarra marcando un compás que parece inventado en el momento. El título mismo —Bim Bom— suena a dos golpes de nudillos en una puerta, a un ritmo que no pide permiso para existir. No hay coros, ni orquestación, ni prisa: solo la voz limpia, casi susurrada, y ese rasgueo que se repite como un latido.
La escribió en 1956, cuando aún no había nombre para lo que estaba naciendo. Gilberto la llevó consigo hasta Río, donde la probó entre amigos antes de que el mundo supiera qué era la bossa nova. No fue un éxito inmediato, pero bastó para que Antônio Carlos Jobim —pianista de formación clásica y amante del jazz— se acercara a él con una idea: tomar el samba más sincopado y hacerlo más pequeño, más íntimo. Lo que empezó como un ejercicio de guitarra se convirtió en un estilo que sacudió los círculos musicales de Río. Dos años después, en 1958, Gilberto grabó Chega de Saudade junto a Elizete Cardoso, y ese disco —con sus arreglos minimalistas y su voz al límite del susurro— se volvió el primer documento oficial de la bossa nova. La gente aún no lo sabía, pero acababan de escuchar el futuro.
Del álbum
Chega de saudade
João Gilberto · 1959 · Track 11
Datos