Dentro de este trabajo, temas como Chega de saudade y Bim bom se convirtieron en estandartes de esta nueva sonoridad. La forma de cantar de João Gilberto, con su fraseo particular y su ejecución precisa del violón, influyó profundamente en generaciones posteriores de músicos brasileños. El álbum, con sus doce pistas, presentaba una cohesión estilística que lo hacía único, explorando matices dentro de este nuevo lenguaje musical.
La influencia de este disco fue tal que se le considera uno de los trabajos más importantes en la historia de la música brasileña. La revista Rolling Stone Brasil lo destacó al incluir a João Gilberto entre los 30 íconos brasileños de la guitarra y el violón, y reconociéndolo como el segundo mayor artista brasileño de todos los tiempos, solo detrás de Tom Jobim, quien colaboró en la composición y arreglos de muchos de los éxitos de João Gilberto.