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Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not

por Arctic Monkeys · Álbum Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not

A Certain Romance

Duración 5:33

Acordes en preparación

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Del álbum

Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not

Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not

Arctic Monkeys · 2005 · Track 13

Datos

Duración5:31
ÁlbumWhatever People Say I Am, That’s What I’m Not
Año2005
ISRCGBCEL0501192

La historia detrás

Lo que más atrapa de A Certain Romance no es solo su duración —cinco minutos y medio que se sienten como un viaje—, sino ese solo de guitarra que se enreda entre sí durante dos minutos sin una sola palabra. No hay estribillo que lo ancle, solo una espiral de notas que sube y baja como si el guitarrista principal, Alex Turner, hubiera decidido dejar que las cuerdas hablaran por él. La canción cierra Whatever People Say I Am, That's What I'm Not (2006) y, en lugar de un final convencional, entrega un momento de puro desorden controlado: dos guitarras que se desafían, se entrelazan y, de pronto, se funden en algo que suena a alivio o a rendición. No es música que se explique; es música que se siente, y por eso los críticos de la época la destacaron como una de las piezas más originales del disco.

Turner escribió A Certain Romance siendo adolescente, inspirado en lo que veía a su alrededor: la forma en que los jóvenes de su ciudad se movían entre la arrogancia y la vulnerabilidad, entre el deseo de pertenecer y la imposibilidad de hacerlo. Lo grabó primero como demo en 2004, dentro de un puñado de temas que la banda repartió en CDs piratas y que terminaron circulando por la red. Para el álbum, lo rehicieron en The Chapel (South Thoresby) en 2005, con Jim Abbiss al frente de la producción y la mezcla a cargo de Simon “Barny” Barnicott y Owen Skinner. La versión final conserva esa crudeza inicial, pero le suma capas: la letra, que empieza como un juicio y termina en empatía, y ese solo que, según Matt Mitchell de Paste, "presta juramento ante los dioses". La canción no fue single, pero los medios la destacaron por igual: NME la llamó "extrañamente ecuánime", Rolling Stone la describió como un retrato hiperrealista de la juventud, y Pitchfork la vio como un resumen perfecto del estilo de la banda: existencial, claustrofóbico y, contra todo pronóstico, lleno de humanidad.