Dos temas nuevos entraron a las listas australianas ese año: Touch the Fire llegó al puesto 13 y Jimmy Dean al 47, y aunque no fueron números estratosféricos, demostraron que la banda seguía vigente. Touch the Fire tiene ese riff de guitarra que se repite como un latido, mientras que Jimmy Dean juega con un aire más oscuro, casi cinematográfico. El disco también incluye el tema que le da nombre, Great Southern Land, que ya era un clásico en vivo antes de aparecer aquí, y canciones como Hey, Little Girl o No Promises que muestran por qué la banda conectaba con tanta gente.
Lo curioso es que, a pesar de ser una compilación, terminó siendo un disco con personalidad propia: no es solo un repaso por hits pasados, sino una selección que suena cohesionada, como si cada tema hubiera sido pensado para estar ahí. Eso sí, las versiones internacionales cambiaban el orden y hasta omitían algunos tracks, pero el núcleo —aquellas canciones que definieron a Icehouse— siempre quedó intacto.