Hay tres temas que muestran por qué este disco funciona tan bien. En María Bonita, por ejemplo, la versión no es una copia del original, sino una reinvención: la guitarra acústica entra con un ritmo que parece sacado de un forró, pero sin perder la esencia de la ranchera. Fina estampa, el tema que da nombre al álbum, tiene un arreglo de cuerdas que recuerda a las películas antiguas, pero con un toque moderno en la batería. Y Vuelvo al sur cierra el disco con una versión que suena a despedida, como si Caetano estuviera resumiendo en esos minutos todo lo que había aprendido en décadas de tocar.
El disco se grabó en tres semanas, con músicos que ya conocían su estilo pero que no buscaban imitarlo, sino sumarse a su juego. La prensa de la época destacó que, a diferencia de otros discos de versiones, aquí no había nostalgia barata: cada canción sonaba fresca, como si esas melodías hubieran sido escritas para él. No hubo reediciones ni relanzamientos llamativos, pero el boca a boca hizo que Fina estampa terminara siendo uno de esos discos que los músicos amateurs suelen tener en el estante de lo "imprescindible" sin que nadie les diga por qué.