Hay tres canciones que resumen por qué este disco es distinto. Get Up Stand Up suena como un puñetazo: la letra no pide permiso, exige. I Shot the Sheriff se convirtió en un éxito inesperado años después gracias a Eric Clapton, pero aquí ya brillaba como un himno de resistencia. Y No Woman, No Cry —aunque el título original dice No Cry— es pura calidez en vivo, grabada en el Lyceum Ballroom de Londres sin overdubs. La versión que todos conocemos salió como single en 1975, pero la esencia está en este disco: Marley cantando sobre el hambre y la esperanza con una guitarra que parece respirar.
El álbum salió en octubre de 1973 y, aunque no llegó al número uno en ningún país, su influencia fue lenta pero definitiva. The Wailers ya no eran solo una banda de Jamaica: eran la voz de una generación. Peter Tosh y Bunny Wailer dejaron el grupo al año siguiente, pero Burnin’ quedó como prueba de que aquel trío de Trenchtown había encontrado un sonido que el mundo necesitaba escuchar.