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Del álbum
Blizzard of Ozz
Ozzy Osbourne · 1980 · Track 5
Datos
La historia detrás
El riff inicial de Suicide Solution no suena como un llamado al desastre, sino como un aviso enmascarado. Grabado en marzo de 1980 con equipos prestados en Inglaterra, la canción nació de una mezcla explosiva: la guitarra de Randy Rhoads —que ya había usado ese patrón en Force of Habit con Quiet Riot— y la letra de Bob Daisley, quien años después aclaró que no hablaba de suicidio en el sentido literal, sino de la autodestrucción por el alcohol. El título, Suicide Solution, juega con la idea de una "solución" líquida: la bebida como escape, no como final. Pero el malentendido quedó instalado. En octubre de 1984, un joven de 19 años en Indio, California se quitó la vida mientras escuchaba el tema, y aunque los padres lo demandaron a Ozzy Osbourne y a CBS Records en 1985, nunca pudieron probar que las palabras de la canción lo hubieran llevado a ese acto. Lo curioso es que, en medio de la grabación, Ozzy soltó un grito que muchos interpretaron como "Get the gun and shoot!", pero él y Daisley insistieron que en realidad decía "Get the flaps out" —un modismo inglés para referirse a una parte del cuerpo femenino—. El caso se archivó, pero la polémica persistió.
El tema apareció en Blizzard of Ozz, el primer disco en solitario de Ozzy tras su salida de Black Sabbath en 1979. Con una duración de 4:16 en su versión original y 4:20 en la reedición de 1995, el álbum vendió más de lo esperado para un debut, impulsado por éxitos como Crazy Train y Mr. Crowley. Pero fue Suicide Solution la que generó ruido: en 1986, otro adolescente en Minnesota se suicidó con un rifle .22 mientras escuchaba el tema, y sus padres también demandaron al músico. Ozzy respondió con ironía: "Sería un pésimo movimiento de carrera escribir una canción que diga 'Agarra un arma y mátate'". Lo irónico es que el propio Ozzy, años antes, había luchado contra su adicción al alcohol, y la canción reflejaba esa batalla personal. El riff de Rhoads, rápido y cortante, y el solo en vivo —que en el álbum Tribute supera los seis minutos— terminaron de consolidar la pieza como un clásico del heavy metal, pese a las sombras que la rodearon.