La letra de Sin sobresaltos no explica, acusa. Construida sobre frases cortas y cortantes, suena a diario de época filtrado por la guitarra de Gustavo Cerati: "No podrás cenar sin tu noticiero, no podrás hacer tu digestión sin sobresaltos". Hay algo en el ritmo de la canción que se clava — no es solo la batería de Charly Alberti marcando un pulso obsesivo, sino esa sensación de que el aire está cargado de algo que no termina de explotar. El tema no suena a protesta, sino a advertencia: alguien está contando lo que los medios no dicen, y lo hace con la misma indiferencia con la que el poder miente.
El disco Signos llegó en noviembre de 1986, cuando Argentina aún olía a Malvinas y a censura. La banda ya había cruzado el charco con Nada personal en 1985, pero este álbum los consolidó como un fenómeno que no se quedaba en el Río de la Plata. Grabado en estudios porteños con equipos prestados — como solían hacer en esa época — el sonido crudo de la grabación le da a las canciones un peso que el estudio no hubiera logrado. Sin sobresaltos no fue un éxito radial inmediato, pero en los conciertos de la Gira Signos de 1987 ya se colaba entre las favoritas del público. Luego, durante la Gira Animal entre 1991 y 1992, la rescataron para cerrar casi todos los shows, incluyendo el último en el Estadio Mundialista de Mar del Plata el 27 de enero de 1992. Duró 4:24, suficiente para que la batería de Alberti y el bajo de Zeta Bosio sostuvieran esa tensión sin caer en el desborde.