Traducción literaria al inglés — fiel al sentimiento del autor, no es cantable.
Traducción literaria al italiano — fiel al sentimiento del autor, no es cantable.
Traducción literaria al portugués — fiel al sentimiento del autor, no es cantable.
La historia detrás
«Gracias a la vida» es una canción emblemática de Violeta Parra, una destacada figura del movimiento de la Nueva Canción Chilena. Esta pieza, de inspiración folclórica, fue compuesta e interpretada por Parra durante su estancia en La Paz, Bolivia, y forma parte de su álbum Las últimas composiciones (1966), el último que lanzó antes de su fallecimiento el 5 de febrero de 1967. La canción ha sido reconocida en numerosas ocasiones como una de las más significativas en el ámbito de la música en español, siendo descrita como un «himno humanista». Su impacto ha trascendido por su profunda humanidad y universalidad, ganándose el aprecio tanto de la crítica como del público. Violeta Parra escribió e interpretó esta canción en mayo de 1966 mientras vivía en La Paz. La letra está dedicada a Gilbert Favre, con quien mantuvo una relación amorosa. Durante su tiempo juntos, residieron en un cuarto en La Peña Naira, en la calle Sagarnaga de La Paz. Al finalizar su relación y regresar a Chile, Parra recibió un charango de Ernesto Cavour, instrumento que aprendió a tocar de manera autodidacta y con el cual grabó «Gracias a la vida» en Chile. Este charango aparece en la portada de su último álbum. El disco Las últimas composiciones fue preparado con la ayuda de sus hijos Isabel y Ángel, y del músico uruguayo Alberto Zapicán. Este álbum es considerado por algunos expertos como una de las mejores obras de Parra, incluyendo canciones como «Run Run se fue pa'l Norte», «Maldigo del alto cielo», «Volver a los 17» y «El Albertío». Se ha descrito como un «epitafio adelantado», reflejando la intensidad y contradicciones de su vida. Parra planificó meticulosamente este disco como su última entrega, logrando una mezcla dramática de emociones y creatividad. «Gracias a la vida» abre el álbum y representa una de las mayores paradojas de Parra: la autora de un canto de amor a la vida se quitó la vida un año después de escribirla. Algunos críticos han interpretado la letra y el estilo musical como un reflejo de un estado depresivo y una despedida, mientras que otros ven en ella un acto de generosidad de un alma excepcional. La canción se caracteriza por el acompañamiento de charango y percusión, destacando principalmente la voz de Violeta Parra. A lo largo de sus siete estrofas, Parra agradece por las bendiciones de la vida: la vista, el oído, el lenguaje, el movimiento, el corazón, y finalmente, la risa y el llanto, que considera la esencia de su canto. Las estrofas, compuestas por cinco versos dodecasílabos con rima asonante, comienzan con la frase «Gracias a la vida que me ha dado tanto». La última estrofa es única, con seis versos, y se inicia y concluye con el verso principal de la canción.