La historia detrás
Canyon Jam, según DoReSol
Sepultura la grabó en tres semanas, usando equipos prestados y sin tocar una sola nota en estudio. El resultado fue Roots, un disco que se zambulló de lleno en los ritmos brasileños y que, años después, sigue siendo su trabajo más explorado fuera de los circuitos del metal. Dentro de ese viaje sonoro está Canyon Jam, una pieza que no suena como ninguna otra de la banda: se extiende por trece minutos y diecisiete segundos, con capas de percusión tribal que se entrelazan con guitarras distorsionadas y un bajo que parece arrastrar al oyente hacia un cañón sin salida. No es un tema para escuchar de paso; es una inmersión.
El disco nació en Belo Horizonte, donde la banda armó un estudio improvisado en una casa con paredes de madera y techos altos. Para las secciones de percusión, trajeron a Carlinhos Brown, un músico que ya había revolucionado el sonido brasileño con sus tambores y arreglos. Él no solo aportó ritmos, sino que guió a los músicos para que el álbum respirara como un organismo vivo, con capas que se superponen sin perder nunca el pulso. La mezcla quedó en manos de Andy Wallace, conocido por su trabajo con bandas de metal extremo, y la ingeniería fue un esfuerzo colectivo: Rob Agnello, Chuck Johnson y Richard Kaplan registraron todo en vivo, sin cortes ni correcciones. Canyon Jam no es una canción; es un paisaje sonoro que el oyente recorre desde el primer acorde hasta el último suspiro.
Del álbum
Roots
Sepultura · 1996 · Track 17
Datos