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Del álbum

Pajaritos, bravos muchachitos

Pajaritos, bravos muchachitos

Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado · 2013 · Track 9

Datos

Duración4:05
ÁlbumPajaritos, bravos muchachitos
Año2013
ISRCARG601300556

La historia detrás

Babas del Diablo empieza con un golpe seco que se clava en el bajo y se enreda en un riff que parece arrastrarse entre el polvo y el asfalto. No es un tema que te invite a mover los pies; es más bien un paseo nocturno por calles donde la humedad se pega a las paredes y los faroles parpadean como si estuvieran a punto de apagarse. La voz de Indio Solari entra con esa cadencia que ya conocemos, pero aquí suena como si estuviera contando un secreto que solo los que caminan de noche entienden. El bajo dibuja líneas que se repiten, pero no son simples repeticiones: hay un desfasaje sutil, como si el tiempo se estirara justo lo necesario para que cada nota suene a punto de caerse, pero sin hacerlo. Es esa sensación de equilibrio inestable lo que hace que el tema no se resuelva nunca del todo, como si siempre quedara un eco flotando después de que termina.

La canción nació en un momento en que Solari y su banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado estaban explorando sonidos que no encajaban en lo que venían haciendo. Grabada en 2014, forma parte de Pajaritos, bravos muchachitos, un disco que no buscaba sonar como los anteriores, sino como si alguien hubiera dejado la puerta entreabierta para que entrara el viento. En los créditos, Solari aparece como El Fisgón Ciego, un guiño que algunos dicen que tiene que ver con esa mirada que siempre parece estar viendo algo que los demás no. Lo curioso es que, aunque el álbum cierra con un tema que reúne a tres excompañeros de Patricio Rey y sus Redonditos de RicotaSemilla Bucciarelli, Sergio Dawi y Walter Sidotti—, Babas del Diablo no los incluye. Es como si el disco guardara ese reencuentro para el final, pero este tema prefiriera quedarse en su propia sombra. El tema no ganó ningún premio, pero sí fue parte de la terna que llevó a Pajaritos, bravos muchachitos a los Premios Gardel en 2014, en la categoría de mejor álbum de rock. No fue el disco más vendido de la carrera de Solari, pero sí uno de esos que los músicos amateur suelen descubrir cuando buscan algo que no suene a lo que ya está en todos lados. Tiene esa duración justa —4 minutos y 5 segundos— para no cansar, pero lo suficiente para que el riff se te quede dando vueltas en la cabeza horas después de escucharlo.