La historia detrás
La magia de A Foggy Day está en cómo Ella y Armstrong convierten una letra que, en otras voces, podría sonar melancólica, en algo ligero y hasta juguetón. No es solo el contraste entre sus registros —ella con esa precisión cristalina, él con ese timbre rasposo y cálido—, sino cómo el swing del Oscar Peterson Quartet le da un aire de paseo por la ciudad bajo la niebla, sin que la letra pierda su esencia. La canción no habla de un día gris cualquiera: es una invitación a disfrutar incluso cuando el clima se pone difícil, y ellos lo transmiten con esa complicidad que solo tienen quienes han cantado juntos durante décadas.
Grabada en agosto de 1956 en los recién estrenados Capitol Studios de Hollywood, A Foggy Day forma parte de un trío de álbumes que Norman Granz —el cerebro detrás de Verve Records— armó para juntar a Ella y Armstrong en el estudio. Los tres discos —Ella and Louis, Ella and Louis Again e Porgy and Bess— comparten algo más que el nombre: fueron éxitos inmediatos y marcaron una época en la que el jazz vocal aún no tenía fronteras claras entre lo comercial y lo artístico. A Foggy Day dura 4:33, pero en esos minutos caben años de experiencia: desde los tiempos en que Armstrong ya era una leyenda hasta cuando Ella consolidaba su lugar como la voz que podía cantar cualquier canción y hacerla suya.