11 canciones
Lista de canciones
Can’t We Be Friends
Isn’t This a Lovely Day
Moonlight in Vermont
They Can’t Take That Away From Me
Under a Blanket of Blue
Tenderly
A Foggy Day
Stars Fell on Alabama
Cheek to Cheek
The Nearness of You
April in Paris
Inicio · Álbumes · Ella Fitzgerald · Ella and Louis
1956
11 canciones
Can’t We Be Friends
Isn’t This a Lovely Day
Moonlight in Vermont
They Can’t Take That Away From Me
Under a Blanket of Blue
Tenderly
A Foggy Day
Stars Fell on Alabama
Cheek to Cheek
The Nearness of You
April in Paris
Sobre el álbum
De las once canciones, tres destacan por cómo muestran ese equilibrio perfecto. En Moonlight in Vermont, Fitzgerald y Armstrong se turnan los versos con una naturalidad que hace olvidar que están leyendo una partitura: ella con su fraseo limpio, él con ese timbre rasposo que parece contar una historia en cada sílaba. Stars Fell on Alabama es otro momento clave, donde el piano de Peterson y la trompeta de Armstrong se entrelazan antes de que sus voces entren en un diálogo que parece improvisado, pero está milimétricamente ensayado. Y en Tenderly, Fitzgerald hace una imitación juguetona de Armstrong en el último estribillo, un guiño que demuestra que, más allá de la técnica, esto era un juego donde ambos disfrutaban del momento. Como dijo el crítico Scott Yanow en su reseña para Allmusic, el álbum es "un compilado vocal con énfasis en interpretaciones de buen gusto en baladas", y esa definición captura justo lo que hace especial a este disco: la ausencia de pretensiones y la presencia de dos voces que se entienden sin necesidad de palabras.
El impacto fue inmediato. Verve lo lanzó ese mismo año y, en 1989, PolyGram lo relanzó en CD como parte de su catálogo. Pero más allá de las reediciones, lo que quedó fue la prueba de que dos leyendas podían grabar juntos sin perder su esencia: Fitzgerald, con su dicción impecable y su capacidad para convertir cualquier estándar en algo personal, y Armstrong, con esa mezcla de humor y melancolía que solo él lograba. Ella and Louis no fue el primero de sus tres álbumes juntos —le siguieron Ella and Louis Again y Porgy and Bess—, pero sí el que definió el tono: sin alardes técnicos, sin arreglos recargados, solo dos voces, un piano, una guitarra, un bajo y una batería que marcaban el compás como si fueran un solo instrumento. Y vaya si funcionó.