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🇪🇸 España · 1996–presente

Ismael Serrano

El sonido de Ismael Serrano nace de una mezcla que se nota desde el primer acorde: la tradición del cantautor español con la urgencia de quien quiere decir algo ahora. No es solo la voz cálida ni los arreglos que van de lo acústico a lo jazzístico, sino esa manera de contar historias donde lo personal se vuelve colectivo. Si uno escucha Atrapados en azul (1997), lo primero que salta es el peso de las letras, pero también cómo la guitarra y el piano se entrelazan sin forzar —como si cada nota supiera exactamente dónde caer—. Temas como «Papá cuéntame otra vez» o «Vértigo» no suenan a ejercicios de estilo, sino a canciones que alguien escribió después de pasar horas en bares de Madrid, donde la noche y la política se mezclaban sin aviso.

Esa voz —la suya, la de los escenarios— se definió cuando dejó la carrera de Física en la Universidad Complutense. No fue un capricho: en los locales como Libertad 8 o Galileo Galilei, la ciencia y la música empezaron a chocar. Lo que comenzó como un hobby terminó siendo una decisión clara: en 1997 grabó su primer disco en condiciones precarias, pero con una honestidad que se notó en el resultado. Atrapados en azul le dio el disco de platino en España y un viaje inesperado a América Latina, donde «Papá cuéntame otra vez» se convirtió en un himno para quienes buscaban entender el pasado reciente. No era un disco perfecto, pero sí uno necesario: el de un artista que no quería sonar a nadie más.

1970s
1 Álbumes
14 Canciones
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1 álbum|es · 1998

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Biografía

Con La memoria de los peces (1998) dio un paso más allá. Aquí ya no solo cantaba sobre el amor o la incertidumbre, sino sobre lo que pasaba al sur del mapa. «Vine del norte» hablaba de las ONG en Chile que exigían justicia por los crímenes de la dictadura, y «A las madres de Mayo» se convertía en un homenaje a esas mujeres que, durante décadas, no dejaron de buscar a sus desaparecidos. No eran canciones de protesta al uso: eran testimonios con melodías que se quedaban pegadas, como si el dolor pudiera ser cantado sin caer en lo grandilocuente. El disco volvió a vender platino, pero lo más interesante fue cómo Serrano logró que lo político y lo íntimo fueran lo mismo.

Luego vino el giro: Los paraísos desiertos (2000) llegó con jazz en las venas. No fue un cambio radical, sino una evolución natural. El disco incluye «Km. 0», una canción que terminó en la banda sonora de una película y que le valió una nominación a los Premios Goya. Pero lo curioso no es el premio, sino cómo ese tema —y el álbum entero— demostraba que Serrano podía moverse entre géneros sin perder su esencia. Mientras tanto, seguía colaborando en proyectos solidarios: desde Son de niños hasta Encuentros en La Habana, donde compartió escenario con nombres como Joan Manuel Serrat o Pablo Milanés. No eran colaboraciones por moda, sino por convicción: la música como puente.

El 2002 trajo La traición de Wendy, un disco donde la bossa nova, el blues y el jazz se daban la mano. Temas como «Fue terrible aquel año» sonaban a madurez, pero sin perder esa capacidad de conectar con el público. El álbum llegó al número uno en las tiendas de Madrid y le abrió las puertas de Sudamérica: México, Chile, Argentina, Uruguay… La gira que siguió fue larga, pero no solo por el éxito comercial. Serrano llevaba consigo algo más: la idea de que la música podía ser un acto de resistencia, incluso en tiempos de guerra. De hecho, entre 2001 y 2003, cuando los atentados del 11-S y la invasión de Irak sacudieron el mundo, compuso «Aquella tarde» y «Zona cero». Esas canciones —luego incluidas en Principio de incertidumbre (2003)— no eran panfletos, pero tampoco se quedaban en lo abstracto. Eran el reflejo de un artista que seguía mirando alrededor, incluso cuando el ruido era ensordecedor.

Principio de incertidumbre fue un disco en vivo grabado en el Teatro Lope de Vega de Madrid los días 8 y 9 de septiembre de 2003, con el teatro lleno hasta la bandera. No era solo un registro: era un repaso a su carrera, pero también un espacio para nuevos temas y colaboraciones. Fredi Marugán, su guitarrista de siempre, seguía ahí con los arreglos, y Javier Bergia en las percusiones le daba ese groove que ya era marca registrada. Pero lo que más llamaba la atención era la mezcla de lo antiguo y lo nuevo: versiones de sus primeros éxitos junto a canciones como «Aquella tarde», que sonaban urgentes, como escritas ayer. La gira que siguió duró hasta finales de 2004, y mientras tanto, él ya preparaba lo siguiente. Porque para Serrano, la música nunca fue un punto de llegada, sino un camino que se recorre tocando notas y contando historias.

Datos

Nacimiento
9 mar 1974
País
🇪🇸 España

Sellos discográficos

Universal Music Sony Music

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