Entre las canciones más memorables se encuentra "Tempo Perdido", que se convirtió en un himno generacional y un clásico de la banda. La letra, cargada de introspección, y su estructura musical, que desafía las convenciones típicas, la hicieron destacar. "Eduardo e Mônica" también merece mención, ya que aunque carece de un estribillo pegajoso, su narrativa y melodía cautivaron a los oyentes. La forma en que la banda abordó la composición era poco convencional; a menudo comenzaban con fragmentos de ideas musicales, lo que les permitió experimentar con diferentes texturas sonoras, incluyendo un mayor uso de guitarras acústicas.
La grabación de Dois fue un proceso laborioso, realizado en 16 canales, lo que exigió una cuidadosa mezcla para asegurar que cada instrumento se escuchara con claridad. Este esfuerzo se tradujo en un álbum que no solo fue bien recibido por la crítica, sino que también dejó una huella duradera en la música brasileña. La interacción entre lo eléctrico y lo acústico en las canciones permitió a la banda explorar una variedad de temas y estilos, consolidando su lugar en la historia del rock en Brasil.