Dentro de Anima latina, temas como Anima latina y Due mondi ejemplifican esta búsqueda de nuevos sonidos. La estructura de las canciones a menudo se construye sobre patrones rítmicos y melódicos que se repiten y evolucionan, creando una atmósfera envolvente. La forma en que Battisti abordaba la música, priorizando la expresión emocional sobre la perfección técnica vocal, se hace evidente en cada interpretación. El álbum, a pesar de no buscar explícitamente un éxito masivo, se convirtió en una pieza clave dentro de su discografía, mostrando su constante deseo de innovar y experimentar con el lenguaje musical.
La colaboración con Mogol, aunque no siempre presente en la composición de las letras, había sido fundamental para construir la imagen pública de Battisti. Sin embargo, en esta etapa de su carrera, el artista comenzó a mostrar una inclinación hacia un mayor hermetismo, distanciándose gradualmente de la exposición mediática. Anima latina se presenta como un testimonio de esta evolución, un disco donde la música habla por sí misma, invitando al oyente a sumergirse en sus texturas y atmósferas sin necesidad de grandes explicaciones. Canciones como Anonimo y Separazione naturale cierran el álbum dejando una sensación de introspección y reflexión.