La historia detrás
Los Fabulosos Cadillacs metieron en El León un tema que suena a llanto tropical: Ríos de lágrimas. No es un vals ni un bolero, pero lleva esa misma carga de desamor que se arrastra entre acordeones y percusiones. La canción avanza con un ritmo que parece caminar al mismo tiempo que llora, como si el cuerpo y el alma estuvieran en dos compases distintos. El bajo hace de puente entre lo grave y lo agudo, mientras la trompeta entra y sale como un suspiro que no termina de soltarse. Es corta, de apenas dos minutos y cincuenta y seis segundos, pero en ese tiempo caben décadas de historias sudadas en Buenos Aires.
El disco El León lo grabaron en 1992, cuando la banda ya llevaba casi una década tocando juntos y mezclando ska, salsa y hasta un poco de reggae. No buscaban sonar como nadie en particular; querían que cada canción respirara por su cuenta, y Ríos de lágrimas es el ejemplo perfecto. No fue el sencillo principal —ese lugar lo ocupó Carnaval toda la Vida—, pero terminó siendo uno de esos cortes que la gente tararea sin darse cuenta, como si siempre hubiera existido. El año siguiente, Gitana y Siguiendo a la Luna les dieron más aire en las radios, pero esta pieza quedó ahí, en el disco, como un secreto compartido entre quienes la descubrieron. El Rolling Stone argentino la ubicó entre los 25 mejores de la historia del rock nacional, y aunque no tuvo video ni premio, su eco sigue corriendo por las calles cuando alguien la pone en un bar de Latinoamérica.