La historia detrás
Cuando te sumergís en Martha My Dear, te encontrás con una pieza que se aleja de lo convencional. La canción, acreditada a Lennon–McCartney pero escrita enteramente por Paul McCartney, tiene una estructura que te invita a prestar atención. Escuchá cómo el piano, con un aire que recuerda a los salones de música de antaño, se repite a lo largo de la pieza, creando un hilo conductor. Además, hay una sección de vientos que se suma a la textura. La melodía principal se mueve a través de varias tonalidades, y la base armónica, aunque en Mi bemol mayor, se adorna con acordes complejos y disonancias sutiles, casi como toques de jazz. El estribillo, por ejemplo, toma la idea melódica inicial y la expande, añadiendo compases extra de una manera que McCartney usaría de nuevo más adelante. Incluso el puente, que cambia a Fa mayor, irrumpe y se desvanece de forma tan particular que parece estar en un lugar inesperado.
La grabación de Martha My Dear, que ocurrió el 4 y 5 de octubre de 1968 en Trident Studios, en London, tiene detalles interesantes. Se dice que McCartney grabó la mayor parte de los instrumentos él mismo, incluyendo el piano, la batería y las voces, algo no tan común para él. Incluso hubo un momento en que se le sugirió que otro músico tocara el solo de piano, pero él insistió en hacerlo. Las partes de cuerdas y vientos, arregladas por George Martin, se añadieron después. La canción, que dura 2:28, lleva el nombre de la perra ovejera inglesa de McCartney, Martha, y se cree que la letra también podría estar inspirada en su relación con Jane Asher. Esta pieza forma parte del álbum The Beatles, conocido también como el White Album, lanzado en 1968 por Apple Records.